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Grupo de lectura 2017

23 Mar

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01-Saber-y-Deseo

“Todo el mundo se acuesta con todo el mundo”

20 Abr

El amor en la época del “todo el mundo se acuesta con todo el mundo”
El saber de Christophe Honoré

“Todo el mundo se acuesta con todo el mundo”, es una fórmula extraída del discurso analizante que caracteriza la vida sexual en el siglo XXI, organizado por las webs de encuentros que le han dado una nueva fórmula, mucho mas allá de su estricta utilización. La lógica del consumo se ha impuesto y con ella la que conlleva todo producto: competencia, categorizaciones (por género, edades, características físicas y psíquicas, fantasmas de sí mismo y/o del partenaire), etiquetas, fecha de vencimiento, búsqueda loca del producto ideal, caída en el olvido, saldos, buenas ofertas, reciclado. Seudónimos y, en consecuencia, anonimato son la regla, lo mismo que la detección de productos fraudulentos.

Este pasaje del orden familiar o de vecindad, que hasta ahora hacía posibles los encuentros, al orden mercantil y al sistema internet global, no constituye en sí una revolución. Siempre hubo un mercado del sexo, aunque confinado y limitado. Pero la puesta al desnudo de sus coordenadas y el dominio de la cuantificación han producido una transformación cualitativa del encuentro sexual. La banalización, la legislación y la legitimación de la homosexualidad, la mutación de los modos de procreación operada por la ciencia, hoy cada vez más radicalmente distinta de la vida sexual, como también el desarrollo de gran envergadura de una imaginería sexual accesible a todos en la web, ha tenido una cuádruple consecuencia.

1/ La vida sexual está para la mayoría totalmente liberada de los lazos sociales tradicionales que la contenían, en consecuencia liberada del discurso, salvo el del capitalismo.

2/ Por el contrario, cada vez está más correlacionada a lo imaginario en el sentido propio, es decir, a la imagen del cuerpo mas que al decir. Es el caso por ejemplo de la sexualidad gay en los back room que moviliza las pantallas para difundir los videos porno y que proscribe la palabra entre los agentes: casos extremos ciertamente, pero que acentúa solamente una tendencia que opera en todas las otras formas de encuentro.

3/ Cada vez está más cerca de la perversión, en el sentido que tenía el término en el siglo XIX. La expresión de Freud sobre la sexualidad infantil « perversa polimorfa» vale a partir de ahora para la sexualidad adulta que le agrega la dimensión de acto –sexual- que la caracteriza. Si la sexualidad siempre estuvo organizada por el fantasma, en sí mismo perverso, hoy declara sus prácticas sin represión en el Otro y se afirma en este polimorfismo.

4/ Podemos ver en esto una extensión del dominio del pasaje al acto. En este nuevo contexto, en donde el goce esta liberado de la creencia en la relación, ¿que ha devenido la dialéctica del deseo y del amor?

El cine francés conoce en este momento una renovación notable en diferentes géneros. Dos autores se imponen por la obra que a lo largo de los años han desarrollado. Uno es Desplechin, nacido en 1960 y el otro es Christophe Honoré nacido en 1970. Este ultimo, diez años mas joven, hombre de teatro, escritor y cineasta ofrece a lo largo de sus películas una enseñanza estricta y seria sobre esta cuestión que el discurso analítico empuja a tratar a partir de la presencia de estos nuevos modos de goce en la palabra y el decir de los analizantes. En el contexto de “todo el mundo se acuesta con todo el mundo”, ¿qué deviene el amor? Es esta enseñanza que deseo sacar a la luz.

La producción cinematográfica de Honoré va desde el 2001 al 2011 con 11 películas. Yo voy a retener 6: Ma mère, según G. Bataille (2004), Dans Paris (2006), según Franny et Zooey de J.D. Salinger, Les chansons d’amour (2007), La Belle personne (2008), según La Princesse de Clèves, L’homme au bain (2010) y Les Biens-aimés (2011). Los actores son generalmente los mismos de un film al otro, en especial Louis Garrel, encarnando la masculinidad de este inicio de siglo XXI.

Ma Mère reinterpreta a Bataille, inscribiéndolo en un marco muy preciso, un condominio de vacaciones en España, y despliega las vías perversas de la sexualidad, de manera bastante clásica. Se hace escuchar un eco de La filosofía en el tocador, siendo la iniciación no de una muchachita sino de un joven adolescente consagrado a su madre, haciendo ella misma el rol de iniciadora. La frase de Lacan concluyendo Kant con Sade se verifica “Sea como sea, se ve que no se ha ganado nada con reemplazar aquí a Diótima por Domancé, persona a la que la vía ordinaria parece asustar mas de lo que es conveniente y que, ¿lo ha visto Sade? concluye el asunto con un Noli tangere matrem. V…ada y cosido, la madre sigue estando prohibida. Queda confirmado nuestro veredicto sobre la sumisión de Sade a la Ley. [1]” El final del film responde a la misma prohibición: el hijo no se acostara con la madre; se masturbará en su proximidad, en el mismo momento en que ella se quita la vida y una vez más, última, al lado de su ataúd.

El film esta muy cerca de la referencia a Bataille, aún si algunos elementos anuncian los temas que la continuación de la obra va a desarrollar: importancia del masoquismo, presencia fundamental de la muerte, y trío de un nuevo género. Por otro lado surge un estilo, hecho de una mirada atenta y neutra sobre la cotidianeidad, es decir a la vez sobre los objetos, las palabras de todos los días, los significantes y la lengua de una generación, los lugares contemporáneos. Hecho también de una extrema precisión de los diálogos. Una escena de Isabelle Huppert en el balcón evoca a Buñuel y Deneuve en Tristana: Siempre hay referencias cinematográficas que abren líneas de fuga y enracinan esta modernidad bruta en las obras pasadas, modernidad que las aclara en tanto ellas la esclarecen. También es un método de prácticar el décalage propia del arte contemporáneo: podemos pensar en “For the love of God” de Damien Hurst: Interpretación real, como la definió Jacques-Alain Miller.

Con Dans Paris, concebida al mismo tiempo que Les Chansons d’amour, comienzan verdaderamente las cosas serias. La pareja parental: separados, la madre se ha ido para rehacer su vida, es bella, es una mujer deseante. El padre, se queda solo y en la casa hace de madre. Compra el árbol de Navidad, hace las compras, solo tiene como pobre arma contra la angustia de los hijos la sopa de legumbres y el pescado á la meunière: que coman, que no salten por la ventana. Fracasa en el sofá-cama pidiéndole a su hijo menor que cumpla su rol ante el mayor. Llama a la madre para que lo ayude. Ella sabrá hacerlos hablar del mal que los corroe: mal de amor imposible, en gran parte debido a ellos. Se llama a la madre pero es la mujer perdida que llega y que se vuelve a ir golpeando la puerta « ¿Alguna vez escuchaste a mamá partir sin golpear la puerta? » dice el más joven de los hijos al mayor. El padre esta viejo, jubilado, en todos los sentidos. En este piso tan familiar, él se enraíza en los gestos cotidianos y los objetos útiles. Observa, impotente ante el dolor. La función paterna, si aún se puede utilizar ese término, se ha refugiado en un duelo: une muchacha, una hermana, que se mató a los 17 años y cuyo lugar vacío ordena en cada uno un desorden que le es propio.

El niño muerto, en Les Chansons d’amour y los Biens-aimés, la muerte en La Belle personne, funcionan como eje: un mundo en duelo para siempre, muerte fuera de sentido y por lo tanto verdadero límite a la continuidad estúpida de la existencia. Los hijos están obsesionados por el ser del amor, que Dans Paris esta reducido a la siguiente pregunta: es verdad que tirarse de un puente a la noche, después de haberse quitado cuidadosamente sus vestimentas y sus zapatos en el agua negra y glacial, es la prueba de que se ama? ¿Se puede ser capaz de eso? O, aún, en La Belle personne, tirarse en el vacío del patio de la escuela es la prueba que se amaba? Y también en Les Bien-aimés, tragarse medicamentos para morir solo en la promiscuidad de un bar de hotel es el signo del amor imposible de vivir? La respuesta es no. Después de tirarse del puente, solo se tiene frío, si uno esta vivo, uno no es más que un poco de sangre que barre la portera del edificio, si uno está muerto. La vida continúa, un poco agujereada. No hay prueba de la existencia de un sentido para el amor.

¿Y el deseo? Es diferente: eso tira o no, eso enreda o no. El problema, se sabe desde siempre es que eso no dura mas allá de la satisfacción de los cuerpos, además no importa cuáles, porque están fragmentados en tantos pedazos fetichizados un instante; ahí el sentido es evanescente, évane-sens. Solo se encuentra la vanidad de la carne, que el hombre de placer del fin de siglo 16 y del 17, tan caóticos, habían llevado a sus últimas consecuencias. La vanidad del placer reenvía irresistiblemente a la cuestión del amor. La diferencia con las soluciones de los siglos pasados esta ahí. La muerte signaba lo serio del amor, haciendo real la relación sexual ilusoria. No es el caso ahora. La muerte no lleva a cabo ya nada, ni el amor ni otra cosa.

¿Qué queda de este mundo devastado?