Carta de Kojève a Tran-Duc- Thao

19 Jul

 

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En la carta que traducimos a continuación quedan explícitos los aportes de dicha transmisión entre los cuales se encuentra la fórmula “deseo de deseo” que no pertenece a Hegel, como algunos autores sostienen, sino a Kojève.

 

Estimado Señor:

Termino de leer en Temps Modernes su artículo sobre la Fenomenología del espíritu que me interesó mucho. Primero quería agradecer sus amables palabras referidas a mí. Más sensibilizado aún por haber hecho publicar mi libro en el estado caótico que usted conoce, lo que me provoca remordimientos.

En cuanto al fondo mismo de la cuestión, estoy de acuerdo con la interpretación de la fenomenología que usted ofrece. Quisiera señalar sin embargo, que mi obra no tenía el carácter de un estudio histórico, me importaba relativamente poco saber lo que Hegel mismo ha deseado decir en su libro. Dicté un curso de antropología fenomenológica sirviéndome de los textos hegelianos, pero diciendo sólo lo que consideraba cierto y dejando de lado lo que parecía ser en Hegel, un error. Así renunciando al monismo hegeliano, conscientemente me alejé de este gran filósofo. Por otra parte mi curso era esencialmente una obra de propaganda destinada a golpear los espíritus. Es por ello que conscientemente reforcé del rol de la dialéctica del Amo y del Esclavo y de una manera general esquematice el contenido de la fenomenología.

Es porque creo personalmente que sería lo más deseable que usted desarrolle bajo la forma de un comentario completo, las grandes líneas de interpretación que usted ha esbozado en el artículo al que me refiero.

Solamente una pequeña acotación. Los términos “sentimiento de sí” y “conciencia de si” son de Hegel, es él mismo el que dice expresamente que a diferencia del hombre, el animal no atraviesa el estado de sentimiento de sí.  El término “lucha de puro prestigio”  no se encuentra efectivamente en Hegel, pero creo que se trata únicamente de una diferencia terminológica, porque todo esto que yo digo con respecto de esta lucha se aplica perfectamente a lo que Hegel llama la “lucha por el reconocimiento”.

Por último, referente a mi teoría de “deseo de deseo”, ella no es de Hegel  y no estoy  seguro que él haya bien visto la cosa. Introduje esta noción porque tenía la intención de hacer, no un comentario de la fenomenología, sino una interpretación; dicho de otro modo traté de encontrar las premisas profundas de la doctrina hegeliana y realizando la deducción lógica de esas premisas. “El deseo de deseo” me parece ser una de las premisas fundamentales en cuestión y si Hegel mismo no lo expresó considero que formulado de esta manera, realicé un cierto progreso filosófico. Es posiblemente el único progreso filosófico que realicé, el resto tiene un carácter filológico, es decir precisamente, una explicación de textos.

El punto más importante es la cuestión del dualismo y del ateísmo que usted evoca en la última sección de vuestro artículo (Pág. 517 a 519). Quiero decir que no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero creo que la divergencia no reposa sólo en un malentendido.

Su razonamiento seria ciertamente exacto si se refiriera a un dualismo propiamente dicho, es decir abstracto y no dialéctico. Diría como usted que todo dualismo es necesariamente deísta  porque hay dos tipos de ser Naturaleza y Hombre necesariamente la unidad es superior y esa unidad no puede ser una entidad divina. Pero el dualismo que he visto es dialéctico. En efecto, me serví de la imagen de un anillo de oro, pero él no existiría en tanto anillo si no hubiera agujero. No podemos decir, no obstante, que el agujero existe al mismo tiempo que el oro y que hay allí dos modos de ser del que el anillo es la unidad. En nuestro caso, el oro es la Naturaleza, el agujero es el Hombre y el anillo el Espíritu. Esto quiere decir, que si la Naturaleza puede existir sin el Hombre, y en el pasado existió sin el Hombre, el Hombre no existió jamás y no pudo existir sin la Naturaleza y fuera de ella. De la misma forma que el oro existe sin el agujero, el agujero no existe simplemente si no hay metal que lo rodee. Dado que el Hombre es creado sólo en y por, o más exactamente todavía, en tanto que negación de la Naturaleza, resulta que presupone la Naturaleza. Esto lo distingue esencialmente de todo lo que es divino. Dado que él es la negación de la Naturaleza, es algo más que el divino pagano de la naturaleza misma; y que como toda negación, presupone eso que es negado, él es diferente del Dios cristiano quien es el contrario anterior a la naturaleza y la crea por un acto positivo de su voluntad.

No digo pues que hay simultáneamente dos modos de ser: Naturaleza y Hombre. Digo que hasta la aparición del primer Hombre (que es creado en una lucha de prestigio), el Ser era por completo Naturaleza. A partir del momento donde el Hombre existe, el Ser por completo es Espíritu, porque el Espíritu no es otra cosa que la Naturaleza que implica al Hombre, y desde el momento donde el mundo real implica ,de hecho, el Hombre, la Naturaleza, en el sentido estricto de la palabra no es más que una abstracción. Entonces hasta un cierto momento del tiempo sólo había Naturaleza  y a partir de un cierto momento, no hay más que Espíritu.

Entonces porque eso que es verdaderamente real en el Espíritu (el oro del anillo), es la Naturaleza, podemos decir, como usted lo hace, que el Espíritu es el resultado de la evolución de la Naturaleza misma. Sin embargo, no me gusta este modo de decir, porque ello puede hacer creer que la aparición del Hombre puede ser deducida a priori, como cualquier otro acontecimiento natural. Además, creo que este no es el caso y que si el conjunto de la evolución natural puede, en principio ser deducida a priori, la aparición del Hombre y su historia solo puede ser deducida a posteriori, es decir, precisamente, no deducida o prevista, sólo comprendida. Esta es una manera de decir que el acto de la auto-creación del Hombre es un acto de libertad y que toda la serie de actos humanos que constituyen la historia es ella también una serie de actos libres. Es por eso que  prefiero hablar de dualismo entre la Naturaleza y el Hombre, pero sería más correcto hablar de un dualismo entre la Naturaleza y el Espíritu, el Espíritu siendo esta misma Naturaleza que implica al Hombre. Entonces, mi dualismo no es espacial, sino temporal: Naturaleza primero, Espíritu o Hombre, después. Hay dualismo porque el Espíritu o el Hombre no pueden ser deducidos a partir de la Naturaleza, el corte provocado por el acto de libertad creadora, es decir negadora de la naturaleza.

Le estaría muy agradecido Estimado Señor si usted me pudiera decir en pocas palabras, en qué medida las explicaciones, por otra parte muy insuficientes, que ofrezco en esta carta son susceptibles de recoger las objeciones que usted me ha hecho.

Le ruego acepte Estimado Señor, toda mi simpatía.

                                                                                                                        A. Kojève

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