Oscuridades Hamlet

27 Jun

“¿Quieres llorar, combatir, hacerte pedazos, beber todo un río, devorar un caimán? Yo lo haré también. ¿Vienes aquí a lamentar su muerte a insultarme precipitándote en su sepulcro, a ser enterrado vivo con ella? Pues bien, eso quiero yo. Entiérrate vivo con ella y eso haré yo”.
Ante la muerte de Ofelia, Hamlet reconoce su falta. Reconoce que Ofelia, que causaba su amor, le falta a él. “Se vuelve hombre de golpe”, dice Lacan. Se transforma en amante, en erastés, reivindica su lugar de doliente.
Tirándose a la tumba y retando a Laertes, Hamlet reivindica que él era la máxima causa de Ofelia y así con esa cobertura agalmática, vela el agujero en lo real. Subjetiviza la pérdida como falta.
El deseo de Hamlet antes alienado al deseo de su madre vuelve a Ofelia. Se restaura la imagen especular, por identificación a Laertes, su amigo y contrincante. El agujero en lo real no arrasa el Yo. Ofelia es ahora un objeto imposible. Y en tanto tal, vuelve a ser el objeto del deseo de Hamlet.
Sólo entonces, ante Ofelia muerta, Hamlet hace el duelo por el falo, se constituye como deseante por vía de la asunción imaginaria de la castración. Pasaje del ser al tener, que culminará cuando finalmente Hamlet mate a Claudio. ¿Pero por qué no pudo antes? Hamlet que hasta ese momento ve sin poder actuar cómo su tío impunemente se sienta en el trono que a él le pertenecía y copula con su madre, una mujer que no ama. Una mujer genital, que a la muerte del Rey Hamlet encuentra un sustituto sin haber pasado por la pérdida, por la falta. Y nada le impide celebrar la boda. Hamlet que hasta entonces era un mero espectador loquito, de pronto pone lo que hay que poner, pierde el trozo de sí “narcisístico” y se constituye entonces como deseante. Sólo que ese trozo de si lo pierde por identificación cuando ya Ofelia a muerto y cuando está herido de muerte y porque lo está. Sólo entonces será capaz de matar a Claudio y nombrarse como El Danés. Dice: “Yo, Hamlet el
danés”. Se nombra en relación a un Nombre del Padre. Poco antes de morir, despojado entonces no de un trozo narcisístico sino de su vida. Por eso Lacan dice: trabajo de chapucero. Castración chapuceada.
¿Por qué no pudo antes? Lacan es claro. La tragedia de Hamlet es la tragedia del deseo. Su deseo es el deseo de su madre y su madre desea a Claudio en el lugar del falo. Hamlet no puede matar ese brillo ese reflejo en Claudio porque él Hamlet no ha hecho el duelo por el falo. El drama de Hamlet le permite a Lacan situar el deseo como un punto de llegada que requiere de la asunción de la castración, duelo por el falo. El duelo, entonces, es constitutivo del deseo y de la existencia.

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