Archivo | febrero, 2012

Heidegger, asombro

29 Feb

“Con todo, los mismos griegos tuvieron que salvar y proteger el carácter de asombroso de lo más asombroso contra la agresión de la comprensión sofística, que tenía en seguida una explicación comprensible para todo y para todos, y la lanzaba al mercado. La salvación de lo más asombroso -ente en el Ser-, tuvo lugar porque algunos se pusieron de camino en su dirección […] En el asombro nos contenemos. En cierto modo, retrocedemos ante el ente, ante el hecho de que es, y de que es así y no de otra manera. Pero, el asombro tampoco se agota en ese retroceder ante el Ser del ente, sino que, al retroceder y contenerse, es al tiempo arrebatado hacia y, en cierto modo, encadenado por aquello ante lo cual retrocede. El asombro es así la dis-posición en la que y para la que, se abre al ser del ente. El asombro es el temple de ánimo en el que le fue dado a las filosofías griegas el corresponder al Ser del ente”.

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29 Feb

El hombre no es hombre al margen de la relación con el Ser, precisamente porque su nota distintiva es la comprensión del ser, es decir, estar en relación con el ser. Y el ser no puede desocultarse, es decir, no puede venir a la presencia al margen de la relación precisamente porque tiene su “ahí” en el hombre como Dasein.

28 Feb

 

La poesía ocurre cuando el lenguaje, en contra de
todas las expectativas, se desvanece.
Philippe Lacoue-Labarthe

Von Schirach y Magnus, “participación contenida”

26 Feb

Ante la ley

Abogado defensor en Berlín desde hace casi veinte años, Ferdinand von Schirach (1964) se convirtió en uno de los debuts literarios más inesperados y bienvenidos de la literatura alemana. Premiado, elogiado y traducido a más de treinta idiomas, Crímenes (Salamandra) reúne una serie de relatos basados en los más de 700 casos que fueron pasando por sus manos, con una prosa seca que camina sobre la compasión antropológica y la crudeza gratuita, en busca de la comprensión de la naturaleza humana. En esta entrevista, habla de su posición frente a la Justicia, de la encumbrada figura de su abuelo dentro del nazismo, de su interés por personas en situaciones extremas, de lo cercana a cada uno que está la posibilidad de un crimen, de los clichés del policial literario y de la posibilidad de la literatura de acercarse más a la verdad que los expedientes.

El abogado penalista Ferdinand von Schirach es un hombre más bien parco. Cada página de sus cuentos policiales, casi todos basados en casos reales en los que él participó como defensor, daría para una historia en sí. Y cada una de las once historias, para una novela. Pero él prefirió atenerse a lo esencial. “No se necesita escribir mucho para caracterizar muy bien a una persona”, sentenció en alguna entrevista. También ahí suelen ser más largas las preguntas de los periodistas que sus respuestas, siempre precisas y en su mayor parte acotadas. Esta laconía se corresponde con cómo entiende él su rol de abogado defensor en causas penales, oficio que ejerce en Berlín hace ya casi veinte años: como el de un observador. Por eso no le gustaría ser juez, ha repetido cada vez que le preguntaron, pues eso implicaría emitir juicios, tener que decidir. “Mi postura es la de un espectador interesado, ‘participación contenida’ lo llamaba Schopenhauer.”

¿La literatura se ha convertido entonces en una sala de juicio, donde también puede asumir el rol de fiscal o de juez? –es una de las preguntas enviadas por mail.

–Como fiscal hay que juzgar. Uno debe estar seguro de lo que está bien y lo que está mal, no puede dudar mucho. Y tiene que estar dispuesto a trabajar en un organismo grande con jerarquías cansadoras. Nada de eso es para mí. No me gusta juzgar, prefiero observar.

El narrador de Crímenes se basa en este ideal de su autor y es uno de sus mayores hallazgos. Aunque podrían funcionar igual de bien con un narrador estrictamente omnisciente, la irrupción de la primera persona, casi siempre en las páginas finales, les da a los relatos y aun al conjunto de los relatos una perspectiva bien definida, y con ella un valor agregado a su afán observador. Es fácil mantener la neutralidad cuando no es nadie específico el que habla; lo difícil es lograrla desde un lugar crucial, como el del abogado defensor. Aunque sin nombre ni densidad como personaje, es él quien provoca el giro en muchos casos, o incluso su resolución. Pero ante todo es él, que sabe todo de todos, incluido lo que piensan, el que al final prefiere dar un paso al costado y no emitir juicios, aun cuando eso implique dejar algún que otro caso sin resolver.

Tanto en sus historias como en sus entrevistas usted aparece como el típico detective sin familia que sólo siente pasión por su trabajo. ¿Esa imagen es verdadera?

–Creo que al final todos estamos solos. Nos han puesto torcidos en este mundo, y eso a algunos los termina superando.

EL HOMBRE DESNUDO

Ciertamente, a Ferdinand von Schirach, que nació en Munich en 1964, lo pusieron bastante torcido en este mundo. Su abuelo paterno era Baldur von Schirach (1907-1974), un nazi muy cercano a Hitler, que desde 1933 ocupó el cargo más alto de las juventudes hitlerianas, para luego pasar a ser jefe territorial de Viena durante la Segunda Guerra. En 1946, el tribunal de Nuremberg lo encontró culpable de la deportación de 185.000 judíos austríacos y lo condenó a 20 años de prisión. Cuando saldó su pena, publicó el libro Yo creí en Hitler, a los que le siguieron después libros de su esposa Henriette y aun de su hijo Richard.

En casi cada entrevista su nieto Ferdinand es confrontado con esta incómoda ascendencia, pero él niega que haya influido en la elección de su carrera profesional. “Si la culpa de mi abuelo fue una razón para que yo me ocupara de la culpa en mi profesión, entonces fue sin dudas una decisión inconsciente, pero creo que es algo que puedo descartar”, aclaró una y mil veces. Y cuando el Jüdische Allgemeine fue más allá y le preguntó si ser abogado defensor no era una forma inconsciente y aun retrospectiva de defender a su abuelo, que lo había cargado de culpa, Von Schirach fue claro: “Si fue inconsciente, no puedo responder por ello. Y yo no defendería a mi abuelo. Ni dentro ni fuera de un proceso penal”.

Ni a su abuelo ni a sus trasnochados seguidores de la extrema derecha (“no son compatibles con mi apellido”) ni a pedófilos. Por lo demás, no le hace asco a nada, ni tampoco consecuentemente su alter ego escritor. Casi todas las historias tratan de crímenes así llamados capitales y son espeluznantemente sangrientas, aunque sin alevosía ni crueldad. A la frialdad médica con que se cuenta un descuartizamiento en “Suerte”, por ejemplo, o la muerte casi instantánea de los dos skinheads en “Legítima defensa”, se suma la empatía que la narración nos hace generar por el malo de la película, aun antes de que asumamos su defensa frente a un juez. La idea de que, pase lo que pase, nosotros quedaremos siempre del lado del acusado, a veces hasta por encargo de gente que no sabemos quién es, es otro de los hallazgos narrativos del libro.

El punto de vista responde no sólo a la profesión de Von Schirach, sino a su Weltanschauung. “La mayoría de las cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo”, cita en el prólogo a un antepasado más presentable, un tío juez que siempre repetía esa máxima y que acabó pegándose un tiro (y dejó una carta que empezaba diciendo que “La mayoría de las cosas son complicadas…”). Para el sobrino, esa frase resume la vida del hombre sobre la Tierra: “Nos pasamos la vida danzando sobre una fina capa de hielo; debajo hace frío y nos espera una muerte rápida. El hielo no soporta el peso de algunas personas, que se hunden. Ese es el momento que me interesa. Si tenemos suerte, no ocurre nada y seguimos danzando. Si tenemos suerte”.

¿Por qué le interesa tanto el hombre en la situación extrema?

–Una persona que ha tocado fondo, que lo ha perdido todo por matar a otra persona a la que ama, está desnuda. Ya no hay iPhone, no hay lindas camperas, no hay formas amables, nada de la fina capa sobre la que caminamos. Sólo queda su esencia, aquello de lo que está hecho.

CRIMENES IMPERFECTOS

Dice Von Schirach en ese mismo prólogo: “Escribo sobre procedimientos criminales, en los que he actuado como abogado defensor en más de setecientas ocasiones”. Como se ve, la frase insinúa, pero no dice, que los casos son reales, y Von Schirach ha optado por mantener la ambigüedad también con los periodistas. Sus oscuras aclaraciones remiten siempre a la imagen de la caja de imprenta, en la que cada letra de molde sería un personaje o caso, que él luego combinó en sus historias de forma completamente nueva. Tanto las personas como las historias son reales, pero siempre sacadas de contexto. “Estoy bastante seguro de que incluso la gente que las vivió no se volverían a reconocer en ellas”, apuesta Von Schirach, que en caso de perder estaría él mismo cometiendo un delito. Lo único que Von Schirach dice no haber cambiado es la motivación de los crímenes, o más bien su “tono fundamental, que es lo que nos toca”.

¿Cuán importante es para usted, como escritor de historias basadas en hechos reales, la imaginación y la invención?, sería una forma de reformular la pregunta.

–Mis historias son verdaderas, pero no porque correspondan a la realidad. Son verdaderas porque son literatura. La literatura siempre está más cerca de la verdad que las actas de un juicio.

Más o menos verdaderos, pues, los relatos de Von Schirach tienen la fuerza de alguien con toda esta bella fe en la literatura, pero combinada con un conocimiento de la realidad más bien ajena a la mayoría de los escritores de policiales. “Los guionistas suelen copiarse de otros guionistas. En Alemania no hay ningún juez que golpee un martillo para pedir silencio. Tampoco ningún abogado se para y camina hasta donde está el testigo para interrogarlo y gritarle. Y cuando le pegan a alguien con un bate, se cae y muere.” Lo mismo les cabe a los literatos, que rara vez se vieron involucrados en un crimen. “La mayoría escribe tomando un capuchino en Prenzlauer Berg (el Palermo berlinés). Por eso tienen que describir con todo detalle cómo alguien comió con cuchillo y tenedor, que el mantel estaba deshilachado, que el cielo empezó a encapotarse… Yo ahí tengo suerte. Tengo las historias y puedo escribirlas con relativa brevedad.”

Von Schirach sabe que en las obducciones los médicos no se hacen chistecitos entre ellos, sabe que un abogado defensor no necesariamente quiere conocer la verdad, sabe que los psicópatas son personas que carecen de interés. Tanto conoce Von Schirach el mundo policial, que puede darse el lujo de admitir y transmitir habilidades dudosas (“Aprendí a disparar de chico. Es muy simple. Sólo hay que quedarse tranquilo y soltar todo el aire cuando se aprieta el gatillo. Todo es una cuestión de serenidad.”) e aun de adherir a lugares comunes de dudosa corrección política, como que un policía reconoce a un criminal con sólo verle la cara. “En la película M – Una ciudad busca a un asesino (de Fritz Lang) un viejo comisario dice siempre: ‘Reconozco a mis chanchos por su forma de caminar’. Y eso es realmente así.”

Con este conocimiento de causa elude Von Schirach los crímenes perfectos, pues sabe que no tienen ningún interés, y que son los más frecuentes. Empujar la escalera sobre la que tu odiado marido está cambiando una lamparita o ahogar con una almohada a una rica tía moribunda, esos son los asesinatos que según su experiencia nunca se castigan, porque no llegan ni a investigarse. “Tercer crimen perfecto –le relató una vez a una periodista–. Estamos hablando acá hace una hora, pero de lo que usted no se da cuenta es que esta conversación me está sacando de quicio. Hace tiempo que tengo el cuchillo en la mano de la bronca que le tengo, todo el tiempo estoy jugando con él sin que se note. De regreso a mi casa se me cruza una viejita. Pienso: a la periodista no la pude matar, demasiada gente sabía de nuestra cita. Pero alguien tiene que pagar por esta hora perdida en el café. Le cortó la garganta a la vieja y sigo mi camino. Por supuesto que eso nunca será esclarecido. Jamás. Completamente imposible.”

ANTE EL DELITO AJENO

Von Schirach se hizo escritor para matar el tedio del insomnio. “Las historias de Crímenes son las primeras que escribí en mi vida –contó en 2009, cuando se publicaron en su idioma original–. Por las noches me aburro, y así fue que en algún momento empecé a escribir. Me gustaría contarle una historia más apasionante, pero no hay.” Contador de historias, en cambio, se sintió siempre, pues en su opinión es eso lo que hace un abogado. “La acusación es una historia que cuenta la fiscalía. El abogado defensor debe probar cuán buena es, si tiene huecos. Luego cuenta la historia del acusado, porque él mismo no suele poder hacerlo.” Aunque son raras las veces en que se puede justificar por qué alguien mata a otra persona, la idea es intentar explicar cómo es que alguien llega hasta esa situación, y esa historia es siempre una forma de interpretar la vida de las personas. “Claro que hay psicópatas, pero en general nadie se levanta a la mañana y dice: ‘Qué feo está el día, hoy mato a alguien’.”

Contar bien una historia significa para Von Schirach crear empatía con su personaje más débil. Es una estrategia de supervivencia. “En los secuestros, por ejemplo, lo más importante es que el secuestrador aprenda el nombre de la víctima y en lo posible alguna historia de él. Cuando el secuestrado deja de ser anónimo, es mucho más difícil matarlo. Un tribunal funciona de la misma manera. Cuanto mejor conoce un juez a una persona, más difícil se le hace castigarlo con dureza. Así somos los seres humanos. Sentimos algo por aquellos que tenemos cerca.”

Esta empatía que el abogado busca provocar en el juez (y que el escritor nunca falla en despertar en el lector) es la misma que lo movió a elegir su profesión. “Mi profesión fue una especie de salvación –se sinceró demasiado en una entrevista, de la que desde entonces no deja de arrepentirse en todas las otras donde se la recuerdan–. Siempre me sentí un extraño. En casa con la familia y sobre todo afuera. Llevé una vida completamente normal, pero esa sensación no se me fue nunca. Recién después de convertirme en abogado defensor empecé lentamente a entender que no era el único. Cuando llega un cliente, se encuentra a veces al filo del abismo. Quizá es por eso que al abogado le cuenta más cosas que lo común. Se ve al ser humano con mayor profundidad. Y cuando uno escucha con atención, entiende que muchos hombres comparten esta sensación. La extrañeza y la distancia no mermaron por eso para mí, pero me tranquilizó saber que no estaba solo.”

Quizá es esta sensación que lo persigue de chico lo que torna tan lábil para Von Schirach la frontera entre el hombre abismado por un delito y el hombre que debe salvarlo. “La mayoría de la gente no puede concebir que alguna vez cometerá un delito, aun cuando eso puede ocurrir vertiginosamente rápido. Imagínese que su pareja lo abandonó y usted sabe que lo más estúpido que puede hacer ahora es llamarla. Y sin embargo, lo hace. Con los delitos pasa algo parecido. La mayor parte de la gente cree que es una diferencia cualitativa, pero yo creo que es cuantitativa. Cuando usted le grita a su pareja, ya es un pequeñísimo escalón, y eso puede ir creciendo hasta que le clava una tijera en el cuello. Los límites son fluidos, todos estamos un poco en peligro de incurrir en un delito capital.” Por ignorar esta fluidez nace la omnipotencia, y de ella la impiedad. “La gente cree que eso sólo les puede pasar a otros, y por eso no lo perdonan. Es como con la muerte: en el fondo nadie cree que le vaya a pasar a él.”

UN OPTIMISTA DEL FRACASO

El libro de Von Schirach fue bestseller en Alemania y se vendieron los derechos de traducción a una treintena de países, en muchos de los cuales también fue un éxito rutilante (y merecido) de ventas. De una de las historias, la ya mencionada “Suerte”, la más sangrienta y a la vez la más conmovedora, se estrena por estos días una versión fílmica de Doris Dörrie. De las restantes ya se hizo una miniserie para la televisión alemana. Un año después de este éxito, Von Schirach publicó otro volumen de relatos, Culpa, en donde cuenta entre otros casos el de una violación donde consiguió que el culpable no fuera condenado, y perdió él mismo la inocencia (“Si pensara en la culpa moral, le habría errado de profesión, debería haberme hecho cura”). En 2011 apareció El caso Collini, una suerte de novela judicial en la que Von Schirach rastrea un escandaloso “error” de jurisprudencia alemana que dejó libres a muchos nazis. También estos libros fueron un éxito, y Von Schirach recibió por ellos numerosos premios, entre ellos el premio Kleist.

Su vida, con todo, no cambió en lo más mínimo. En el estudio recibe la misma cantidad de casos por año (“Si usted acaba de matar a su pareja, no piensa en literatura”). Y fuera de él sigue manejando el mismo auto que hace veinte años y alquilando la casa donde vive. “Poseer un pedazo de la corteza terrestre es un poco aburrido y sobre todo muy incriminatorio. En el fondo da lo mismo si uno posee algo o no. Estamos apenas 80 años acá. No deberíamos tomarnos tan serio a nosotros mismos.”

Frases como éstas alentaron que más de una vez le preguntaran si se consideraba un pesimista, o incluso un cínico, pero él niega las dos cosas. “Pesimista u optimista son conceptos que presuponen que uno espera algo. Yo trabajo hace muchos años en la justicia penal, he visto suficientes muertos, ya no espero nada. Me conformo con que la cosa siga, de alguna manera. Vivimos en un gran momento. No hay guerra en Europa, y podemos almorzar en un buen restaurante italiano. Eso ya es más que lo que tuvieron la mayoría de las generaciones anteriores.” En cuanto al cinismo, lo considera una postura errada, “pues hace del mundo algo pequeño y feo. Mi profesión me provoca lo contrario: me deja ver las cosas de forma mucho más amplia. Pienso más en los hombres. Y con el tiempo uno se torna más humilde”.

Usted ya era exitoso como abogado defensor y ahora también lo es como escritor. ¿Por qué se interesa por los fracasados?

–El éxito visible es completamente insignificante: todos nosotros fracasamos, fracasamos cada día. A menudo son pequeñeces, cosas intrascendentes. Los hombres que cometen delitos no se diferencian en mucho de nosotros.

Volviendo a las andadas: Heidegger-Schmitt

24 Feb

El filósofo de Messkirch y el jurista de Plettenberg mantuvieron posiciones claramente
enfrentadas en relación con el romanticismo alemán. Criticado duramente por Schmitt
desde sus primeros escritos, el romanticismo alemán es re-visitado por Heidegger
mediante la evocación de la poesía de Hölderlin. Asimismo, Heidegger da estatura
filosófica a un “estado de ánimo” como la angustia, acercándose nuevamente a la
estremecida concepción de la interioridad propia del romanticismo. También Trakl y la
pintura de Van Gogh, ambos al interior de la matriz expresionista, son motivos que
suscitaron el interés del autor de Sein und Zeit. Si bien el romanticismo, el expresionismo
y el existencialismo presentan peculiaridades insoslayables, a ojos de la romanidad
schmittiana aparecen al interior de una matriz común.
Sendos autores despliegan su reflexión sobre el campo semántico de la excepción y la
normalidad, por oposición al universo liberal de la discusión racional, la lógica del
argumento y el contraargumento y el intercambio conmutativo de valores. El concepto de
resolución (Entschlossenheit) es utilizado por Heidegger para calificar el acto por el cual
el Dasein se aleja del imperio del se y el uno; Carl Schmitt por su parte, formula su
célebre decisionismo sobre la base de una situación de excepción que pone en jaque al
orden político-institucional vigente y que requiere de una decisión (Entscheidung) que
suture el orden amenazado por la inminente irrupción del caos.

Heymans, materia oscura

20 Feb

El mapa de la materia oscura

Por Mariano Ribas

Desde el descubrimiento de la materia oscura, hace escasos ochenta años, los científicos vienen lidiando con esta misteriosa entidad física, que supera con creces a la materia ordinaria (de la cual estamos hechos nosotros y las estrellas). Esa cosa que nadie sabe bien qué es, pero que a escala macrocósmica abruma por su cantidad, por su peso y por su gravedad. Y que justamente por eso se sabe que existe: porque se “expresa” gravitatoriamente. Y no sólo eso: gracias a su desbordante presencia, la materia oscura parece ser una suerte de argamasa gravitatoria que, desde los albores del universo, organizó y aglutinó a las estructuras de materia convencional. Ayudó y ayuda a mantener la estructura y la cohesión de las galaxias y los cúmulos galácticos. Desde ese punto de vista, fue una aliada poderosa que permitió que ese “poquito” de Universo visible, del cual formamos parte, sea lo que es. Durante las últimas décadas, y a partir de estudios indirectos (fundamentalmente basados en los efectos gravitatorios que induce sobre la luz y el Universo observable), los astrónomos, físicos y cosmólogos han logrado ciertos modelos que describen, grosso modo, la distribución y cantidad de materia oscura del Universo. Y ahora acaban de dar un paso verdaderamente significativo: durante el último encuentro de la Sociedad Americana de Astronomía, celebrado en Austin, Texas, un equipo internacional de científicos presentó el mayor “mapa” de materia oscura jamás realizado. Un relevamiento que cubrió un área de cielo equivalente a 300 lunas llenas, y un diámetro de mil millones de años luz en el espacio. En esta edición de Futuro tratamos de echar algo de luz sobre este oscuro asunto y conversamos con la astrofísica británica Catherine Heymans, coautora principal de esta nueva epopeya de la ciencia.

–Antes de ir al mapa, cuéntenos algo sobre usted y su especialidad…

–Actualmente soy profesora de Astrofísica en el Instituto de Astronomía de la Universidad de Edimburgo. En 2003 obtuve mi doctorado en Astrofísica en la Universidad de Oxford. Y en estos últimos años, por ejemplo, he sido miembro de los paneles científicos que otorgan turnos de investigación en el Telescopio Espacial Hubble y en el Observatorio Europeo Austral. Mi especialidad es el “Lado Oscuro” de nuestro Universo. Pero cuando no me ocupo de nada de eso, pueden encontrarme haciendo castillos de arena en la playa, o remando en el mar con mis dos hijos…

–Ahora sí: el mapa. Usted y su colega, el profesor Ludovic van Waerbeke, de la Universidad de British Columbia, han liderado el equipo científico que acaba de dar a luz este sondeo de la materia oscura, inédito por su escala y profundidad. ¿Cuántos científicos y cuánto trabajo hay detrás del mapa?

–El equipo del proyecto Canada-France-Hawaii Telescope Lensing Survey (CFHTLens) está formado por 20 investigadores internacionales. Durante los últimos cuatro años hemos estado analizando las imágenes de más de 10 millones de galaxias. Imágenes que fueron tomadas por el Telescopio Franco-Canadiense de Hawai en cuatro regiones del cielo.

–Los cuatro cuadrados que aquí vemos…

–Claro, y el mayor de todos, al que llamamos “Campo de Invierno”, corresponde a una zona de la constelación de Orión. Es un área de cielo equivalente al tamaño de la palma de la mano, con el brazo estirado hacia el firmamento. En total hemos mapeado 155 grados cuadrados de cielo.

–¿Por qué eligieron esas zonas del cielo?

–Por empezar tuvimos que elegir áreas donde no hubiese estrellas brillantes que, con su resplandor, nos bloquearan la visión del Universo distante. Pero, además, esas cuatro zonas fueron elegidas porque en parte se superponían con otros sondeos astronómicos previos, que nos dieron información extra.

–Por definición, la materia oscura es invisible. Entonces, ¿cómo la detectaron en esas áreas del cielo?

–Lo que hicimos fue estudiar la débil señal que la materia oscura “imprime” en las imágenes de las lejanísimas galaxias que sí podemos ver.

–A ver…

–La luz de esas galaxias no llega a la Tierra en línea recta sino que, a medida que va atravesando las concentraciones de materia oscura, se va “torciendo” ligeramente, debido a la acción de la gravedad de esas masas invisibles. Gracias a este fenómeno, llamado “lentes gravitatorias”, podemos aprender mucho sobre la presencia y distribución de la materia oscura. Pero esta “señal” es tan sutil que sólo fue posible detectarla con el telescopio CHFT (ver recuadro) únicamente en las noches en que las condiciones climáticas eran perfectas.

–En su trabajo, ustedes explican que las zonas más claras (celestes) del mapa muestran las mayores concentraciones de materia oscura, y que los parches blancos corresponden a los cúmulos de galaxias, o sea, la materia visible.

–Así es.

–Entonces salta a la vista que las grandes masas de materia oscura, distribuidas a modo de redes, coinciden y “envuelven” a los cúmulos galácticos. ¿Por qué?

–Porque, tal como dice la teoría, avalada por estos resultados, la materia oscura fue la que, desde el comienzo, dictó cuándo y dónde se formaron los cúmulos de galaxias. En el Universo primitivo, la poderosa gravedad de la materia oscura fue la que aglutinó inicialmente a la materia ordinaria, que luego daría origen a las primeras galaxias.

–Resulta verdaderamente curioso: la materia oscura “ayudó” a construir las grandes estructuras de Universo visible.

–Sí, y no sólo eso: si no hubiese un masivo halo de materia oscura alrededor de nuestra propia Vía Láctea, el Sol, por ejemplo, que es apenas uno de los cientos de miles de millones de estrellas que la forman, saldría disparado fuera de la galaxia. La gravedad de la materia oscura es la principal causa de que todas las estrellas de la Vía Láctea estén juntas.

–¿Usted cree que los astrónomos realmente ya tienen evidencias definitivas sobre la existencia de la materia oscura? Porque, convengamos, hay quienes aún dudan de su existencia y proponen modelos alternativos, como el de la “Dinámica Newtoniana Modificada” (MOND).

–Los científicos no podemos probar una teoría. Sólo podemos desaprobarla. Y la verdad es que durante más de una década, mediante diferentes observaciones, hemos estado desafiando la teoría actual del Universo, según la cual está dominado por la materia oscura y “energía oscura”…

–Más adelante aclaramos qué es eso, siga por favor…

–Y la verdad es que, hasta ahora, no hemos encontrado una sola observación que demuestre lo contrario. De todos modos tenemos que seguir investigando, dado que todos sabemos que para tener una comprensión final y completa del Universo, seguramente tendremos que recurrir a alguna clase de nueva física que, a la vez, cambiará para siempre nuestra visión del cosmos.

–Yendo al punto: ¿qué extrañas cosas podría ser la materia oscura? Alguna vez se consideró, por ejemplo, a esos misteriosos “Objetos Masivos del Halo Galáctico”, los MACHOs, e incluso, otros objetos subestelares, como las enanas marrones…

–No. Se han hecho muchos estudios sobre ambas cosas para dar cuenta, al menos parcialmente, de la materia oscura en el halo de la galaxia. Pero todas esas investigaciones nos han mostrado que estos objetos son una pequeña fracción de la materia del Universo, así que podemos descartarlos.

–¿Y entonces de qué está hecha la materia oscura?

–La mayoría de los científicos cree que existe una partícula específica de materia oscura. Sería una partícula supersimétrica, es decir, una suerte de “espejo” de las partículas de materia ordinaria.

–¿Usted está hablando de los WIMPs?

–Exactamente.

–En la contratapa hablamos de esas supuestas “Partículas Masivas de Interacción Débil”. ¿Ya encontraron algo así?

–Los WIMPs todavía no han sido detectados, pero estamos muy confiados de encontrarlos con la ayuda del Gran Colisionador de Hadrones, en el CERN.

–Volviendo a lo macro: ustedes observaron galaxias muy distantes, situadas a 6 mil millones de años luz. O sea, las vieron como eran hace 6 mil millones de años. ¿Notaron, acaso, diferencias en el rol de la materia oscura a lo largo del tiempo?

–Sí, las observaciones y las técnicas estadísticas nos permitieron testear cómo fue variando el comportamiento de la materia oscura a lo largo del tiempo cósmico. Y eso, a su vez, nos dice algo sobre el rol de la también misteriosa “energía oscura”, que estaría acelerando la expansión del Universo.

–¿Y qué les dice su investigación sobre la materia oscura en cuanto a la energía oscura?

–Nos dice que, desde hace miles de millones de años, la energía oscura viene contrarrestando la acción de la materia oscura. Las masivas estructuras de materia oscura que hemos observado siempre tendieron a unir las estructuras visibles del Universo: los cúmulos de galaxias. Pero la energía oscura viene haciendo exactamente lo contrario: está acelerando la propia expansión del Universo. El espacio se “estira” cada vez más, separando a las galaxias. Al cambiar constantemente el campo de juego, la energía oscura hace que el trabajo de la materia oscura sea cada vez más difícil.

–¿Cuál ganará finalmente esta batalla cosmológica?

–La energía oscura ya ganó.

–¿Y cuál sería, entonces, la suerte final del Universo?

–Si todas nuestras observaciones y teorías actuales son correctas, el cosmos está condenado a un final más que triste…

–¿De qué estamos hablando?

–El Universo simplemente va a expandirse por siempre. Se hará cada vez más vacío, más frío y más oscuro, a medida que todas sus estrellas vayan agotando sus últimos combustibles y se vayan apagando.

–Suena oscuro, como no podía ser de otra manera en este caso. Gracias por la entrevista, Catherine.

–Gracias a ustedes por su interés en nuestro trabajo.

Sobre el joven Heidegger y el tiempo

18 Feb

Las primeras menciones del libro XI de las Confessiones coinciden con el tratamiento sistemático del tiempo que Heidegger comienza a realizar en su período de docencia en la Universidad de Marburgo. Si bien Heidegger había reconocido desde muy temprano la necesidad de un análisis del tiempo no objetivo y había desarrollado la idea de tiempo kairológico atendiendo a una interpretación de Pablo de Tarso, no encontramos hasta Der Begriff der Zeit (1924) un planteamiento más

orgánico. Es en este contexto donde podemos encontrar por vez primera una crítica de Heidegger al análisis del tiempo agustiniano. Dicha crítica, realizada sobre todo desde los presupuestos de una fenomenología hermenéutica de la vida fáctica, puede resumirse en tres tesis:

1) Tesis del tiempo vulgar (TV): San Agustín desarrolla una idea del tiempo natural o vulgar.

2) Tesis del tiempo abstracto (TA): En tanto esta idea considera el tiempo como una sucesión de momentos definidos por el ‘ahora’, el tiempo se vacía de contenido, pierde significación y se convierte en una abstracción.

3) Tesis de la comprensión del tiempo en la manera impropia (TI): Dicha interpretación puede retrotraerse a un modo de ser del existente humano (Dasein), propio de su comportarse en lo que Heidegger llama el modo impropio (uneigentlich) de la existencia.

Ahora bien, para cualquier conocedor del libro XI de las Confessiones, la interpretación que emana sobre todo de (TA) no puede resultar demasiado plausible.

Llevar adelante aquí una interpretación del tratado agustiniano del tiempo excedería los fines de este artículo, pero algunas afirmaciones generales son necesarias.

Quizá el mayor valor del análisis agustiniano resida justamente en que supera la consideración del tiempo como sucesión de momentos neutros o vacíos. Si el libro XI analiza la experiencia del tiempo partiendo del fluir temporal como un pasar de momentos definidos por el ‘ahora’, no es para sumarse a esa visión, sino para comprender la paradoja que dicha concepción encierra. Ésta contiene una visión aporética

respecto al carácter de ser del tiempo a la que me referiré como la paradoja del ser del tiempo. El tiempo está compuesto por el pasado, el presente y el futuro, pero cuando lo queremos atrapar, el pasado ya no es, el futuro aún no ha sucedido y el presente parece, por su divisibilidad infinita, no tener extensión. El ahora, tomado como unidad de meses, semanas, días, horas o minutos puede dividirse

siempre en una unidad más pequeña, aunque nos falten los nombres para ello. El tiempo es, entonces, sólo en cuanto tiende a no ser. Por el contrario, si el presente fuera constante, sería según San Agustín, eternidad y no presente:

Pero sí puedo decir con certeza que reconozco que si nada pasase, no habría tiempo pasado, y que si nada adviniese, no habría tiempo futuro, y que si nada sucediese, no habría tiempo presente. Pero, ¿qué características poseen esos dos tiempos, el pasado y el futuro, si el pasado ya no es y el futuro aún no es? El presente, por su parte, si siempre permaneciese presente y no pasase hacia el pasado, no sería ya tiempo, sino eternidad.

Si el presente, para existir como tiempo, debe ser de tal modo que fluya hacia el pasado, ¿cómo es que podemos decir que ‹es›, si su razón de ser radica en que no será más, y la de que digamos sin dudas que el tiempo es, solamente que tiende a no ser?

(Confessiones, XI)

La paradoja reside en cómo conceptualizar el fenómeno del tiempo, si al analizar el uso cotidiano que hacemos del mismo se llega a un aparente callejón sin salida, a un fluir que no permite hablar de unidad temporal ni detenerse en los tiempos del pasado, presente y futuro.

La solución de San Agustín supera la imposibilidad de atrapar el ‘ahora’, por su falta de extensión, en dirección a una experiencia temporal que tiende a unificar los tres momentos temporales conjugados en la extensión del espíritu (distentio animi).

El acceso al tiempo se determina desde la extensión del espíritu como triple actividad de la memoria, la atención y la expectación. Si esto es así, entonces el tiempo no puede más que ser una fuente de sentido, en ningún modo vacía, tal como afirma Heidegger sobre la concepción vulgar del tiempo. Que el libro XI comience haciéndose cargo del modo usual de referirse al tiempo como un fluir de momentos puntuales, no es sino para dar cuenta de las limitaciones de dicho uso. Sorprende

aún más la crítica, porque Heidegger comparte precisamente este modo de análisis que parte de la manera usual de referirse al objeto y depura luego el acceso al fenómeno.

Para hacer justicia a la consideración de Heidegger e intentar comprender dicha crítica, será necesario entender el porqué de tal juicio. Para ello repasaré a continuación los pasajes en que Heidegger se refiere al análisis del tiempo de San Agustín. Esta tarea resulta la única manera de fijar el problema para su análisis centrándose

en la rica y, en principio, cerrada base textual presente. La primera mención a la investigación sobre el tiempo de San Agustín se encuentra en Der Begriff der Zeit de 1924, conocido hoy como la versión primigenia de SZ. Allí encontramos ya algo que será usual en la consideración heideggeriana de San Agustín: el análisis agustiniano debe ser tomado en relación al tratamiento del tiempo desarrollado por Aristóteles en el libro IV de la Física. Ambas obras resultan fundamentales para la historia del concepto de tiempo.

En el marco de la investigación sobre la correspondencia, en aquella época recientemente publicada (1923), entre Wilhelm Dilthey y el Conde Yorck de Wartenburg, Heidegger desarrolla su análisis del tiempo a partir de una consideración ontológica. Al comienzo del segundo capítulo, que trata las características ontológicas originarias del Dasein, expresa Heidegger que la vida humana se orienta en su comportarse habitual en relación al tiempo y que la investigación

acerca del tiempo retrotrae generalmente al alma o al espíritu. Como alma y espíritu se consideran lo propio de lo humano, el tiempo solicita a su vez una pregunta sobre la relación entre ambos. Pero la pregunta quedaría en este plano, sin cuestionarse si alma o espíritu son el tiempo. Para Heidegger, ambos autores comparten la idea de que el tiempo se instancia en el existente humano (Dasein), ya que alma o espíritu son considerados su esencia. Su propia investigación queda de esta forma prefigurada, en tanto que: “el tiempo podrá traerse tanto más a la mirada, cuanto más originariamente visible se vuelva el propio Dasein en relación a sus caracteres de ser. El análisis del tiempo gana su fundamento en una caracterización ontológica del existente [Dasein] humano”. El tiempo puede hacerse visible, pues, sólo desde la base de un análisis de la constitución ontológica del

existente humano. La unidad de la investigación sobre el tiempo con la ontología determina la posición de Heidegger y será además el baremo con el cual mida y juzgue el tratado de San Agustín y el resto de las concepciones filosóficas sobre el tiempo.