Schmitt, Estado liberal

4 Oct


¿Cuál es el enemigo a combatir para Carl Schmitt? La respuesta a la primera de las cuestiones es clara: el enemigo a combatir es el liberalismo. El campo semántico con el que Carl Schmitt aplica este término abarca no sólo una concepción normativa del derecho y una visión negativa del Estado, sino que designa una verdadera visión del mundo, que tiene como eje fundamental una despolitización general de lo político con la que se intenta evitar siempre toda situación límite que conduzca a un conflicto. Frente a este peligroso enemigo, que es para Carl Schmitt el liberalismo, hay que emprender una «guerra total».

Desde el punto de vista jurídico, hay que rechazar la idea del liberalismo de una autofundamentación racional del orden jurídico, y defender lo que el profesor Jean-François Kervégan denomina a partir de los textos de Carl Schmitt un «decisionismo» jurídico. Pues a diferencia de lo que el liberalismo cree, el orden jurídico siempre descansa sobre una decisión, que instaura un comienzo absoluto a partir de una «nada normativa». La confirmación de esta tesis la encuentra Carl Schmitt, precisamente, en los estados de excepción, como por ejemplo la declaración de una guerra o la instauración de un toque de queda,donde se pone de manifiesto que toda la arquitectura jurídica pende, en último término, de un componente prejurídico, a saber, de una decisión, que es el elemento extra-normativo posibilitante del orden normativo.

Por lo que respecta a la visión negativa del Estado que tiene el liberalismo,Carl Schmitt cree indispensable trazar una frontera entre el burgués y el ciudadano. El liberalismo no es más que la fachada retórica y política de una burguesía, que sólo tiene como fin prosperar en su bienestar propio e individual. Una burguesía que ve al Estado como un enemigo al que hay que coartar, y que se debe limitar a gestionar las tensiones que produce la lucha egoísta de todos contra todos por su propio bienestar personal, administrando la justicia y garantizando la propiedad privada. Sin embargo, y frente a esta visión negativa de un Estado políticamente depauperado, Carl Schmitt defiende la idea de un Estado total», en el que se vuelva a asumir «el peligro de lo político», y donde se luche por cancelar la mencionada diferencia entre el burgués y el ciudadano, un estado en el que pueda emerger el conflicto y se desmantele el presunto carácter apolítico de la burguesía.

El burgués recibe así una clara determinación política: ser
el gran enemigo del Estado, al mismo tiempo que el ciudadano es visto como el gran amigo del Estado, que no renuncia ni al conflicto, ni al combate.

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