Jünger, escena de batalla

29 Sep


Es el oficial encargado de la protección contra los gases. En plena noche, una vez más vuelve alguien a llamar a la puerta, hecha de tablas, de mi abrigo:
-Pero, hombre, ¿es que ya está usted durmiendo? ¡Fírmeme aquí enseguida un recibo por veinte caballos de Frisia y por seis marcos de madera para las galerías!
Es que han llegado los hombres que traen los materiales. Hay así, al menos en los días tranquilos, un constante ir y venir. Al desgraciado habitante de las galerías subterráneas este ajetreo acaba arrancándole el siguiente suspiro:
-¡Si al menos hubiese un poco de tiroteo! Así tendría uno al fin un poco de tranquilidad.
No cabe duda de que algunos proyectiles potentes, los llamados «bocados difíciles», contribuyen a levantar la moral. Entonces está uno con los suyos y queda liberado del molesto papeleo.
-Mi alférez, ¿me da permiso para que me vaya? ¡Es que dentro de una hora entro de servicio!
Los montículos de barro situados en la parte alta de la trinchera brillan allá fuera iluminados por los últimos rayos del sol. La trinchera se encuentra ya sumida en una espesa sombra. Pronto asciende la primera bengala luminosa y los centinelas nocturnos se dirigen a sus puestos.
Comienza el nuevo día para el soldado de las trincheras.

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