Jünger, segunda guerra

20 Sep

La segunda guerra mundial se diferencia de la primera no sólo porque las
cuestiones nacionales pasan abiertamente a formar parte de las cuestiones de la
guerra civil y quedan subordinadas a éstas, sino a la vez porque en ella se
intensifica el desarrollo mecánico y de ese modo se acerca, en el automatismo, a
los últimos límites. Esto comporta ataques exacerbados contra el nomos y contra el ethos. En este contexto se llega a batidas efectuadas por un poder que supera en mucho el del adversario, a batidas que no dejan ninguna esperanza. La batalla de material se intensifica hasta convertirse en una batalla de cerco, hasta transformarse en un Cannas, al cual le falta, empero, la grandeza antigua. El sufrimiento crece hasta tal punto que por fuerza queda excluido lo heroico. Al igual que todas las otras modalidades de la estrategia, también ésta nos procura
una imagen exacta de nuestro tiempo; éste intenta clarificar en el fuego las
cuestiones que le son propias. Desde hace ya mucho está preparada la batida del
ser humano, una batida que no deja escapatoria ninguna; y está preparada por
teorías que aspiran a dar una explicación lógica y compacta del mundo y que
corren parejas con el desarrollo técnico. Al adversario sé lo cerca primero en el
campo de la razón y luego también en el campo social; a esto se agrega, llegada la
hora, su exterminio. No hay destino más desesperanzado que el caer en un
proceso como ése, en un proceso en el cual el derecho se ha convertido en un
arma.

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