Rilke, lo sagrado

12 Sep


¿Quién, si yo reclamara, entre las cohortes de los ángeles
me oiría? Y aun cuando uno de ellos, de pronto,
me estrechara contra su corazón, ¿no me desvanecería
bajo su existencia demasiado fuerte? Porque lo bello
no es más que ese grado de lo terrible que todavía
podemos soportar, y si lo admiramos tanto es sólo
porque, impasible, desdeña destruirnos.

Todo ángel es terrible. Así, pues, me contengo
y ahogo el clamor de mi oscuro sollozo.

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