Jünger, trabajo

2 Sep


El trabajo no es, por tanto, actividad en general, sino que es la expresión de un ser especial que intenta llenar su espacio propio, henchir su tiempo propio, cumplir sus leyes propias. De ahí que el trabajo no conozca nada que se le oponga fuera de sí, no conozca ninguna antítesis; se parece al fuego, el cual devora y transforma todas las cosas susceptibles de combustión y al que sólo puede disputarle el terreno su propio principio, es decir, un contrafuego. El espacio de trabajo es ilimitado, de igual manera que la jornada de trabajo abarca veinticuatro horas. Lo contrario del trabajo no es el descanso o el ocio; no hay, desde este ángulo de visión, ninguna situación que no sea concebida como ángulo de trabajo. Como ejemplo práctico de esto cabe mencionar el modo que hoy se entregan los seres humanos a sus esparcimientos. Estos esparcimientos, o bien exhiben, como ocurre en el deporte, un patentísimo carácter de trabajo, o bien representan dentro del trabajo un contrapeso coloreado de juego, como ocurre en las diversiones, en las festividades técnicas, en las estancias en el campo, pero de ninguna manera representan lo contrario del trabajo. Con esto guarda relación el absurdo creciente de los domingos y días festivos de viejo estilo; de los domingos y días festivos de ese calendario que corresponde
cada vez menos al ritmo modificado de la vida

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Una respuesta to “Jünger, trabajo”

  1. Vanesa Guerra septiembre 9, 2011 a 2:31 pm #

    muy bueno, Ale!
    gracias

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