Cichello, contra la violencia de los de siempre

28 Jun

La Nación (instrucciones para su uso)
por Guillermo Cichello

“…desalojar a los malos elementos para detener el avance de las teorías disolventes…”
La Nación, 28 de agosto de 1921

Alguna vez David Viñas dijo que le gustaría escribir un libro que llevara este título, resultado de sus lecturas del diario de los Mitre (parafraseaba, así, un lúcido texto de Ramón Alcalde). Particularmente creo que es útil hoy seguir de cerca lo que desde allí se está escribiendo, de cara a lo que puede ser el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, máxime cuando lo que promete ser una holgada victoria frente a una oposición desarticulada, podría implicar una subestimación del adversario.
Si uno lee la nota de este domingo 26 de junio que escribe la acendrada pluma de Mariano Grondona, advierte no sólo el conocido programa ideológico del diario –con la caracterización del proceso político inaugurado en 2003-, sino una peligrosa advertencia de lo que implicaría el triunfo re-eleccionario. Dejando de lado sutilezas, Grondona dispara en el título: “Cristina Kirchner, ¿es democrática o monárquica?”. “¿Qué clase de gobernante es, entonces, -se pregunta- Cristina Kirchner? ¿Una presidenta republicana o una reina absoluta?”. A continuación –y después del remanido recurso a la profesoral y berreta apelación a la etimología griega (“monarquía, del griego mon, etc.” y la mención, como al paso nomás, de Luis XIV y “el Estado soy yo”, ¡fíjense que cuerda está pulsando, en qué conjunto de gente desea colocar a Cristina Fernández!)-, nos dice que “si uno se pone a inventariar los rasgos del poder que hoy ejerce Cristina Kirchner, se encuentra con que, mientras varios de estos rasgos corresponden al despotismo de las monarquías absolutas, algún otro encaja todavía en la democracia”. El todavía es sólo un llamamiento a la defensa frente al porvenir, la invocación a alistar las tropas (veremos si en sentido figurado), la señal de alarma ante el futuro inmediato que no tarda en describir. El todavía alerta desesperadamente sobre la evolución del kirchnerismo hacia la monarquía absoluta con sus correspondientes “rasgos despóticos y dinásticos” –Grondona dixit-. Y mantiene la expectativa sobre ese vuelco funesto para las instituciones y la República en las puertas de lo que define como un “dilema”. Lo presenta así: “La Argentina enfrenta un profundo dilema institucional. Si de aquí a octubre gana la democracia, el despotismo kirchnerista se desvanecerá. En caso contrario, enfermo o no, Chávez nos visitará. Este dilema confiere a las próximas elecciones un doble carácter. De un lado, se elegirá a los funcionarios que habrán de gobernarnos. Este es el aspecto supuestamente “normal” de lo que ocurrirá en los próximos meses. Del otro lado, empero, el pueblo decidirá cuál de los dos principios que están en pugna, la democracia y el despotismo, prevalecerá porque, en tanto la derrota de Cristina traería consigo la plena restauración de la república democrática, su victoria reabriría de inmediato la propuesta (…) de una “Cristina eterna” mediante plebiscito (…) ¿Qué tendremos, entonces, por delante? ¿Una “presidenta Cristina”, en el tramo final de su ciclo republicano, o una “reina Cristina”, dinástica y sin plazos?”.
En criollo: si gana la oposición, restauración democrática; si gana el Frente para la Victoria, despotismo.
Creo que es un planteo serio, una afirmación muy grave por las consecuencias que puede engendrar tomando en cuenta la gente que lo dice –expresión clara de los designios de una clase-. Demás está decir que las afirmaciones de este domingo no constituyen una demostración aislada, un exabrupto del profesor que ya considera una obviedad que el kirchnerismo es “la izquierda autoritaria”. Está en línea con lo que metódica e insidiosamente el diario pretende instalar: el ejercicio del poder del FPV. no es democrático. Así, “La Presidenta debería dar el ejemplo y ser la primera en cumplir con la ley. Sin embargo, no duda en violarla “(Editorial del 23 de junio de 2011); Carlos Pagni, en su nota del 22 de junio de 2011 califica el gobierno de CFK. como una “república caudillesca” que aspira a la reelección indefinida; “…debemos preguntarnos si estamos entrando en el camino de una reversión autoritaria (…) Se trata de una versión sesgadamente cesarista de la tradición nacional-popular (El riesgo de caer en una reversión autoritaria, Sergio Berensztein, 5 de marzo de 2010); “La Argentina camina derecho hacia el autoritarismo, perversión política de la que creyó haber salido para siempre hace casi 28 años (…) un pequeño grupo de personas violentas y vandálicas, protegidas por un Estado autoritario (…) ¿Cuánto tiempo durará en un país donde la policía es sólo un testigo privilegiado, inmóvil e impotente, de las peores violaciones de las leyes? (…) un poder político sin medidas ni límites. Ya se ha hecho habitual, de todos modos, que el gobierno kirchnerista no cumpla con las órdenes de la Justicia (Un país que camina hacia el autoritarismo, Joaquín Morales Solá, 28 de marzo de 2011); “para sostenerse en el poder, los gobiernos populistas necesitan ignorar la división de poderes y silenciar voces opositoras (…) Para el kirchnerismo, no existe un gobierno limitado subordinado a la división de poderes, sino un poder ilimitado que, supuestamente, se fundamenta en los votos obtenidos. Algo que equivale al aniquilamiento de los principios republicanos “(Editorial del 15 de junio de 2011: Creciente autoritarismo kirchnerista); Todos los derechos están en riesgo (clama, asustadísimo desde el otro lado del río, Julio María Sanguinetti, 28 de marzo de 2011)…
En fin, podría aburrir con citas, pero creo que en este puñado tomado casi al azar la idea está clara: el gobierno que ejerce CFK. se ubica por fuera de los parámetros democráticos.
Ahora bien, ¿qué consecuencias derivarían del triunfo de esta idea? No sólo el debilitamiento de FPV. de cara a las próximas elecciones, sino la aceptación de que si esto no es una democracia, un golpe de Estado no será un golpe de Estado –revista este ataque la formas que revista-. Puede parecer alarmista este planteo sólo si se subestima a los señores que emiten el mensaje, expresión de una “clase que está temperamentalmente inclinada al asesinato; connotación importante que deberá tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella” .
No sólo debemos recordar, entonces, la posición del diario ante los golpes de Estado de 1955 y 1976, sino –más reciente (señal de la perseverancia de sus intereses y su modo de defenderlos)- la nota con la que el 13 de abril del 2002 La Nación editorializó el fallido golpe de Estado al presidente venezolano: “La ruidosa caída del gobierno de Chávez tiene un significado aleccionador: confirma cuál suele ser la suerte final de quienes asumen la conducción de un país adoptando actitudes mesiánicas y comportándose como supuestos líderes providenciales (…) El resultado fue el súbito desbaratamiento de una curiosa experiencia política, fundada en un liderazgo grandilocuente y ostentoso, que llevaba en sus entrañas la semilla de su propia destrucción”.
Llamar a un golpe de Estado “súbito desbaratamiento de una curiosa experiencia política” no es sólo un eufemismo; es una advertencia que se debe sopesar convenientemente para tener bien en claro qué tipo de adversario enfrenta el FPV. y la función encubridora de su propia violencia que cumplen las alusiones a la República, las Instituciones, la División de Poderes, la Libertad de Prensa y otras opulentas palabras (a esto David Viñas le dedicó su obra entera) escritas con plumas cargadas con restos de sangre.

2.Rodolfo Walsh, Retrato de la oligarquía dominante, 1969.

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