Heidegger, filosofía o cristianismo

1 Jun

Carta a Krebs (1919):

«Muy respetado profesor:

Los últimos dos años, durante los que me he esforzado en lograr un esclarecimiento de principio de mi posición filosófica, dejando de lado toda tarea científica particular, me han llevado a conclusiones para las que, si me mantengo en un compromiso extrafilosófico, no podría garantizar la libertad de convicción y de enseñanza.

Evidencias (Einsichten) de carácter epistemológico, que se extienden a la teoría del conocimiento histórico, han convertido para mí en problemático e inaceptable el sistema del catolicismo, pero no el cristianismo y la metafísica, ésta, ciertamente. en un nuevo sentido.

Creo haber experimentado a fondo qué es lo que de valioso lleva consigo la Edad Media católica -más quizá que sus cultivadores oficiales- y de cuya auténtica valoración estamos todavía muy lejos: mis investigaciones de fenomenología de la religión, que estarán intensamente referidas a la Edad Media, deben servir, en vez de objeto de discusión, de testimonio de que el cambio en mi manera de pensar no me ha llevado a relegar el juicio objetivo y noble y la alta apreciación del mundo vital católico en favor de una enojosa y desagradable polémica de apóstata.

Por ello, en el futuro, me interesa también permanecer en contacto con científicos católicos, que vean y admitan los problemas y estén dispuestos a comprender otras convicciones.

Por tanto es para mí de especial valor -y querría muy de corazón darle las gracias por ello-, no perder el bien de su valiosa amistad. Mi mujer, que le ha informado rectamente, y yo mismo querríamos conservar la gran confianza en Vd. Es difícil vivir como filósofo: la sinceridad interior frente a sí mismo y para con aquéllos de los que se va ser maestro, exige sacrificios, renuncias y luchas que le son siempre ajenas al mero artesano de la ciencia.

Creo tener la vocación interior para la filosofía y, ejerciéndola en la investigación y la enseñanza, hacer cuanto está en mi poder para el eterno destino del hombre interior -y solo para ello-, justificando así ante Dios mi propia existencia y acción.

Dándole las gracias de corazón, suyo

Martin Heidegger

Mi mujer le saluda muy cordialmente.»

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