Noailles, Kant y la resistencia

10 Abr

Una metáfora de Kant
Enrique Valiente Noailles

Una de las más sugestivas y bellas frases de la obra de Kant se encuentra en la Introducción a la Crítica de la razón pura , y dice así: “La ligera paloma, que siente la resistencia del aire que surca al volar libremente, podría imaginarse que volaría mucho mejor aún en un espacio vacío”. Kant utiliza la metáfora para refutar a Platón, pero en sí misma tiene alcances que uno puede extender a los más diversos órdenes: políticos, vitales, metafísicos. Por ejemplo, en el terreno político podríamos decir que cuando un presidente democrático sueña con gobernar el país suprimiendo lo que le hace resistencia, cae en la ilusión de la paloma kantiana. Tanto cuando pretende carecer de oposición como cuando sueña con silenciar a la prensa, o como cuando el Poder Ejecutivo cree que avanzará más rápido y mejor omitiendo la acción de los otros dos poderes. No se da cuenta, salvo que pretenda descaradamente convertirse en un poder autoritario, de que esa resistencia misma es la que le da vuelo a la democracia, y que de otra manera el sistema entero puede estrellarse, no levantar vuelo hacia ningún destino, o simplemente, volar en el vacío institucional.
En el campo vital se sueña también, muchas veces, con suprimir la resistencia de las cosas a nuestro avance. Sin embargo, lo que sugiere la metáfora kantiana es que gracias a la resistencia de las cosas -y no a pesar de ella- es que se avanza. Una situación libre de riesgo nos colocaría en la posición parecida a la de los animales en cautiverio, que no se alimentan porque no están estimulados a cazar, o que no se reproducen por razones similares. Es la resistencia del aire la que permite a la paloma explorar nuevos horizontes, que de otra manera le estarían vedados. Pero estamos acostumbrados a ver la resistencia del mundo como algo que debe ser suprimido. Llevando esta lectura un poco más, todavía, al extremo, dice Stravinsky: “Mi libertad será tanto más grande y profunda cuanto más estrictamente limite mi campo de acción y me rodee de obstáculos.” En este caso, la paloma busca intencionalmente el roce con el aire, porque no desea sólo liberar fuerzas ya existentes, sino suscitar fuerzas nuevas.
En el campo ya metafísico, también el hombre se siente, como la paloma, tentado, en tanto especie, de suprimir aspectos de la existencia, sin los cuales piensa que “volaría” mejor. En general apenas le tenemos tolerancia a la dualidad de las cosas por argumentos banales: “Si no conociéramos la noche no distinguiríamos el día, si no conociéramos el mal, no distinguiríamos el bien, etc.” Pero no consideramos, más allá de este contraste pictórico, que las dualidades sean capaces de propulsarse entre sí, o que tengan algún tipo de alianza profunda, como a veces uno adivina que existe entre la vida y la muerte. En todo caso, ésta parece una de las riquezas de esta metáfora de Kant: la súbita visión que nos permite concebir como aliadas aquellas cosas que siempre hemos pensado como enemigas.

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