Althusser, Hegel y la totalidad de esencia

7 Abr


En referencia a la primera dimensión, a la relación entre totalidad social y
existencia histórica de aquélla, es preciso comprender que ésta se presenta
como una relación inmediata, poniendo de manifiesto la forma en que se
desenvuelve el devenir histórico de toda sociedad. En este sentido, Hegel
(1983) sostiene: “Desenvolverse quiere decir: ponerse, entrar a la existencia
[dasein]…” (p. 45). De este modo, el desenvolverse de la sociedad en la
continuidad del tiempo es el entrar a la existencia de aquélla; el punto central
aquí es que dicha existencia (histórica) de la totalidad social (y, en efecto, de
toda existencia histórica) es concebida como la expresión inmediata de la
esencia o principio interior del todo social.
El segundo punto es problematizado mediante la formulación del concepto de
contemporaneidad, noción que supone la (co)existencia de todos los elementos
que forman el todo, es decir, de todas sus determinaciones (filosóficas,
políticas, religiosas, artísticas, económicas, etc.) en un mismo presente o
tiempo histórico. Esta coexistencia es la que define la contemporaneidad
característica del tiempo histórico hegeliano. Por lo tanto, e íntimamente
relacionado con lo dicho en el párrafo anterior, esta misma contemporaneidad
también supone que dichas determinaciones o elementos de la totalidad social
son la existencia inmediata de la esencia del todo social. En palabras de
Althusser “todos los elementos del todo están en una co-presencia que es la
presencia de su esencia” (Althusser, 2004b: 104. El resaltado es mío). De esta
forma, nos aproximamos al tercer problema planteado por el pensamiento
hegeliano: la posibilidad de realizar “verticalmente” sobre dicho tiempo un
“corte de esencia”, operación intelectual que permite la posibilidad de trazar un
corte “teórico” al interior de un todo en un determinado momento histórico para
dar cuenta, precisamente, de la presencia de todos sus elementos como
manifestaciones necesarias de su esencia.
Ahora bien, lo expuesto hasta aquí remite, asimismo, a una cuarta cuestión
fundamental en virtud de la cual pueden ser comprendidos cabalmente los tres
puntos mencionados: la relación entre existencia histórica y totalidad social, la
noción de contemporaneidad, y por último, el concepto de “corte de esencia”.
En efecto, la concepción de historia de Hegel está fundada en una concepción
de sociedad que como tal es su condición (lógica) de existencia. En este puntode la argumentación es preciso volver sobre el término totalidad social, término cuya utilización, como ya se mencionó, permite pensar la sociedad como un todo, y a partir de ello, la relación de los elementos al interior de dicho todo y la
unidad que lo caracteriza. En otras palabras, permite pensar la eficacia del todo
sobre sus elementos. Según Althusser (2004b), el modelo que domina todo el
pensamiento de Hegel y que permite pensar esta eficacia es el “concepto
leibniziano de la expresión” (p. 201. El resaltado es del autor). La unidad
expresiva es el tipo de unidad que caracteriza esta concepción de sociedad
que supone definir a esta última como
{un todo} reductible a un principio de interioridad único, es decir, a
una esencia interior, de la que los elementos del todo no son
entonces más que formas de expresión fenomenales, el principio
interno de la esencia está en cada punto del todo, de manera que
cada instante se puede escribir la ecuación, inmediatamente
adecuada: tal elemento (económico, político, jurídico, literario,
religioso, etc., en Hegel) = esencia interior del todo. (…) {Supone}
cierta naturaleza del todo, precisamente la naturaleza de un todo
“espiritual”, donde cada elemento es expresivo de la totalidad entera
como pars totalis.En virtud del tipo de unidad expresiva que caracteriza esta concepción
hegeliana de sociedad, se comprende por qué la relación entre totalidad social
y existencia histórica es definida como una relación inmediata. Dicha
existencia, en tanto tiempo histórico específico, es la manifestación fenomenal
necesaria de la esencia interior o principio interno del todo. En efecto, e
igualmente importante, resulta comprender que la contemporaneidad de este
tiempo se funda en la naturaleza de dicho todo pasible de ser reducido a “un
principio de interioridad único”, es decir, debido a que todos los elementos del
mismo existen como fenómenos de aquél y, asimismo, a que coexisten y son
contemporáneos en el mismo presente, de modo tal que en cualquier momento
de la historia y en cualquier elemento del todo está presente este principio
esencial. En otras palabras, este principio de interioridad único coexiste como
manifestaciones fenomenales, como elementos, como partes, en todo los
momentos (tiempos históricos o existencias históricas) y en todas las partes
(determinaciones) del todo (sociedad).

En este sentido “el presente es la
existencia misma de la estructura esencial” (Althusser, 2004b: 106). Por último
dicho todo permite el corte de esencia en virtud de la existencia de la esencia
interior inherente al mismo.Una última apreciación no es trivial: esta concepción acerca de la historia
constituye la condición teórica para la afirmación de la “famosa fórmula (de
Hegel) de que nadie puede saltar por sobre su tiempo, el horizonte absoluto de todo saber, ya que todo saber no es sino la existencia,
en el saber, del principio interior del todo. La filosofía, por más lejos que vaya,
jamás franquea los límites de este horizonte absoluto: (…) el mañana le es
prohibido por esencia. (…) Y es por esto, por lo que la categoría ontológica del
presente prohíbe toda anticipación del tiempo histórico, (…) todo saber que nos
lleve al futuro” (Althusser, 2004b: 105. El resaltado es del autor). Si la unidad
del todo social es tal que ésta es reductible a un principio interior, si, a su vez,
todas las determinaciones o elementos de aquél constituyen el aparecer, la
manifestación fenomenal de dicho principio interior esencial; en una palabra, si
aquélla unidad es del tipo expresiva o espiritual (y, por lo tanto, el concepto de
expresión el que define la eficacia del todo sobre sus elementos), la ciencia, la
filosofía o el saber, en tanto elementos del todo, no podrían jamás elaborar un
saber que anticipe el devenir de la historia, el desarrollo del todo social, pues
estarían anticipándose al propio devenir del principio interior esencial al queaquellos se reducen. Dicha fórmula refleja la condición histórica del
conocimiento de la historia (y, en efecto, de todo conocimiento) que está
presente en la filosofía hegeliana.En consonancia con Laclau (2004), sostenemos que Althusser “comenzó su
trayectoria teórica intentando diferenciar drásticamente su concepción de la
sociedad como “conjunto estructurado complejo” de la concepción hegeliana de
la totalidad” (p. 133. El resaltado es mío). Detengámonos, en primera instancia,
en esta característica de complejidad que el autor francés le atribuye a dicha
concepción:
Marx no pensaba la naturaleza de una formación social de la…
misma manera que Hegel, y creí que tal diferencia podía expresarse
diciendo que Hegel piensa una sociedad como una totalidad
(espiritual o expresiva) mientras que Marx la piensa como un todo
complejo (Althusser, 1977: 145. el resaltado es mío).
La unidad de esta nueva concepción de totalidad es esa misma complejidad, y
no la simplicidad espiritual o expresiva de la unidad que caracteriza el todo
hegeliano. Ello implica, como primer hecho destacable, la formulación de una
dialéctica radicalmente diferente a la elaborada por el filósofo alemán, pues el
devenir histórico de este todo social, su existencia histórica, no puede estar
comprendido por el movimiento dialéctico hegeliano, sino, por el contrario, por
un nuevo tipo de dialéctica: la marxista. Es por ello que Althusser afirma que no
“es difícil concebir el hecho de que la dialéctica que juega dentro de ese nuevo
todo (el marxista) ya casi no tenga nada de hegeliana (Althusser, 1977: 147) y
que, por lo tanto, ya no se trata (como muchos marxistas defienden) de invertir
la dialéctica de Hegel para deshacerse de su envoltura mística, es decir, de
mantener su método, pero invertir su aplicación: del mundo de las ideas al
mundo de lo real, pues para él, la “expresión metafórica de la “inversión” de la
dialéctica (que postula Marx en sus escritos)no plantea el problema de la
naturaleza de los objetos a los cuales se trata de aplicar el mismo método (…),
sino el problema de la naturaleza de la dialéctica considerada en sí misma, es
decir, el problema de sus estructuras específicas. [En otras palabras,] [n]o
plantea el problema de la inversión del “sentido” de la dialéctica, sino el problema de la transformación de sus estructuras” (Althusser, 2004a: 74/75); ésta sería, en el razonamiento althusseriano, la verdadera propuesta de Marx cuando postula el enunciado acerca de la inversión.

De esta forma, es preciso detallar las características de dicha dialéctica para entender de forma acabada
la complejidad propia de esta nueva forma de concebir la totalidad social, es
decir, distinguir los rasgos fundamentales que constituyen la especificidad de la
dialéctica marxista. Éstos rasgos son: “1. La distinción (en el proceso
dialéctico) entre la contradicción principal y las contradicciones secundarias; 2.
La distinción entre el aspecto principal y el aspecto secundario de la
contradicción (…) 3) El desarrollo desigual de la contradicción” (Althusser,
2004a: 160. El resaltado es del autor). Estos principios suponen
“inmediatamente la existencia de muchas contradicciones (sin lo cual no se
podría oponer la principal a las secundarias), en un mismo proceso (…), y la
existencia en él de una pluralidad de contradicciones entre las cuales una es la
dominante” (Althusser, 2004a: 160/161). La “pluralidad de contradicciones entre
las cuales una es la dominante” implica una diferenciación entre dichas
contradicciones que constituye ella misma la complejidad del todo social,
siendo la dominación la característica esencial de la misma. Dice Althusser:
Retengo esta “diferencia” sólo como índice de la complejidad del
todo, ya que es sin duda necesario que el todo sea complejo para
que una contradicción pueda dominar a las otras. (…) La dominación
no es un simple hecho indiferente, es un hecho esencial a la
complejidad misma. A ello se debe que la complejidad implique la
dominación como esencial a sí misma: está inscrita en su estructura
(…), la unidad de la que habla el marxismo es la unidad de la
complejidad misma, (…) el modo de organización y de articulación de
la complejidad constituye precisamente su unidad. (…) (Althusser,
2004a: 166/167.).

Dicho de otro modo, la diferenciación entre las contradicciones es el “índice de
la complejidad” y la dominancia de una de ellas sobre las restantes, su rasgo
constitutivo predominante. La complejidad propia de la totalidad social que
caracteriza Althusser pone en evidencia las diferentes matrices que componen
las totalidades hegelianas y marxistas y sus respectivos movimientos
dialécticos de desarrollo. En Hegel, la unidad de la totalidad social es “una
unidad originaria simple que se divide en dos contrarios” (Althusser, 2004a:
163) Esta unidad originaria es la esencia o principio interior que se detalló en el apartado anterior y que se manifiesta como fenómenos de la misma bajo la
forma de elementos o determinaciones del todo. La totalidad social se
presenta, invariablemente, como el desarrollo de esta esencia, de esta unidad
originaria que se divide en dos contrarios, que se niega o contradice. En otras
palabras, mediante dicha negación (que es la mencionada contradicción del
principio interior esencial) se desenvuelve el movimiento histórico del todo
social: sus determinaciones fenoménicas e históricas.

En suma, afirma el filósofo francés, es posible sostener sin equívocos que “la totalidad hegeliana
es el desarrollo enajenado de una unidad simple, de un principio simple, que a
su vez sólo es un momento del desarrollo de la Idea, hablando rigurosamente,
es el fenómeno, la manifestación propia de ese principio simple, que persiste
en todas sus manifestaciones, por lo tanto, en la enajenación misma que
prepara su restauración” (Althusser, 2004a: 168). Por lo tanto, y esta constituye
la principal conclusión del conjunto de reflexiones que aquí esbozamos, en esta
totalidad existe una única contradicción principal o fundamental que es la
contradicción de esta esencia o unidad originaria; la dialéctica de Hegel
describe precisamente este desarrollo del principio interior, de su contradicción,
de su negación; el movimiento de este principio esencial es el movimiento
dialéctico hegeliano. Por ello, asimismo, esta totalidad, a diferencia de la
totalidad marxista, presenta una unidad simple y no compleja, pues, en
consonancia con lo descrito anteriormente, la complejidad de la última consiste,
precisamente, en que si bien existe una contradicción principal, también
constituyen al todo social otras contradicciones, entre las cual una es la
dominante En efecto, “si se considera(ra) el todo complejo como el mero y .
simple desarrollo de una esencia única o sustancia originaria y simple,
entonces se cae (…) de Marx en Hegel” (Ibíd., p. 168). En una palabra, la complejidad propia de este concepción sobre la sociedad (entendida como totalidad),
(e)s el principio fundamental que rechaza para siempre la matriz
hegeliana de la contradicción (Althusser, 2004a: 163.).

Ahora bien, tal como se mencionó en los párrafos precedentes, Althusser
sostiene que el modo de organización y de articulación de la complejidad social
constituye, precisamente, su unidad (diferente de la unidad expresiva,
característica de todo social hegeliano). ¿Cómo se organiza y articula esta
complejidad? En forma estructurada (recuérdese la sugerente afirmación de
Laclau acerca de la concepción althusseriana de sociedad definida como un
“conjunto complejo estructurado”). Pues, en este sentido, esta complejidad
constituye la unidad de la totalidad social tanto como su forma de articulación y
organización de tipo estructurada. Asimismo, esta forma estructurada implica,
al igual que la complejidad, la dominación de una contradicción sobre las
demás. Es por ello que,(que) una contradicción domine a las otras supone que la
complejidad en la que figura sea una unidad estructurada, y que esta
estructura implique la relación de dominación subordinación (…)
entre las contradicciones (Althusser, 2004a: 166)

La cuestión de la complejidad del todo social, o su comprensión como un todo
estructurado, implica la consideración de las diferentes y desiguales
contradicciones, es decir, de la contradicción principal y las contradicciones
secundarias, como estructuras, niveles, prácticas o instancias constitutivos de
la estructura compleja de la totalidad social. Éstas estructuras o instancias son, en el interior de este todo estructurado, los elementos que lo constituyen
(las determinaciones, en Hegel). ¿Cómo se articulan entre sí? O, más
precisamente: ¿Cómo se articulan en relación con la estructura del todo
complejo? Para ello Althusser recurre a la fórmula del condicionamiento
(aparentemente circular) entre ellas. En palabras del autor, “las contradicciones
secundarias son necesarias a la existencia misma de la contradicción principal,
(…) constituyen realmente su condición de existencia, tanto como la
contradicción principal constituye a su vez la condición de existencia de las
primeras. (…) Aquí es importante comprender que este mutuo
condicionamiento de existencia de las “contradicciones” no anula la estructura
dominante que reina sobre las contradicciones y en ellas. (…) Este
condicionamiento, en su aparente circularidad, no conduce a la destrucción de
la estructura de dominación que constituye la complejidad del todo y su unidad.
Muy por el contrario, la manifestación de esta estructura dominante es la que,
dentro mismo de la realidad que condiciona la existencia de cada contradicción,
constituye la unidad del todo (Althusser, 2004a: 170). Las diferencias con la
unidad originaria del todo hegeliano son elocuentes: las contradicciones
secundarias de este todo estructurado marxista (que en el caso de Hegel es
preciso referirse a elementos del todo, a determinaciones, y no a
contradicciones secundarias, ya que en el autor alemán existe una sola
contradicción: la del principio interior) no son fenómenos o manifestaciones de
la contradicción principal, (de la contradicción) de la esencia o del principio
interior.

Asimismo, este condicionamiento mutuo Althusser lo designa como la .
reflexión de las contradicciones secundarias en la principal, y por lo tanto, en la
estructura compleja del todo social, es decir, como la sobredeterminación de
las primeras sobre la segunda.
Si insisto tanto sobre esta “reflexión”, que he propuesto llamar “sobredeterminación”, es porque es absolutamente necesario aislarla, identificarla y darle nombre, para dar cuenta teóricamente
de su realidad (…). Intentemos delimitar bien este concepto. La sobredeterminación designa la calidad esencial siguiente en la contradicción: la reflexión, en la contradicción [principal] misma, de
sus condiciones de existencia [las contradicciones secundarias], es decir, de su situación en la estructura (…) del todo complejo (Althusser, 2004a: 173.).

Ahora bien: ¿Qué significa realmente esta reflexión o condicionamiento mutuo
al que nos sumerge el pensamiento de Althusser? Que la contradicción
principal (fuerzas productivas, relaciones de producción) que constituye la
estructura económica del todo social, es decir, la determinación en última instancia de la economía, está sobredeterminada por las contradicciones secundarias que constituyen el resto de las estructuras de la totalidad social, es decir que el concepto de sobredeterminación supone la “acumulación de
determinaciones eficaces [es decir, de contradicciones eficaces] (surgidas de
las superestructuras y de circunstancias particulares nacionales e internacionales) sobre la determinación en última instancia por la economía(Althusser, 2004a: 93). Por lo tanto, la concepción de complejidad del todo
social comprende, por un lado, a su unidad como totalidad, y por otro, a la propia contradicción principal de la totalidad social marxista entendida, bajo esta perspectiva, como contradicción compleja, rechazando la simplicidad de la contradicción hegeliana (basada en la existencia del principio interno esencial y en su contradicción).

En otras palabras, el filósofo francés propone “una concepción compleja y plural de la contradicción marxista” (De Ípola, 2007: 81), en clara contraposición con “la idea de una contradicción -pura- y -simple-”
(Althusser, 2004a: 93) de Hegel, pues “la contradicción hegeliana, en efecto, no está jamás realmente sobredeterminada, aunque, a menudo, parezca tener todas las apariencias de ello” (Ibíd., p. 83)

Por lo tanto, la propuesta teórica existente en el razonamiento de Althusser implica la concepción de una
contradicción sobredeterminada que de cuenta que jamás la dialéctica económica juega al estado puro. Jamás se ve en la Historia que las instancias que constituyen las superestructuras, etc., se separen respetuosamente cuando han realizado su obra o que se disipen como su puro fenómeno, para dejar pasar, por la ruta real de la dialéctica, a su majestad la Economía porque los Tiempos le habrían llegado.

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