Heidegger y el NSDAP

2 Nov


Heidegger fue en este sentido siempre coherente: en el transcurso del primer interrogatorio ante el comité de depuración de actividades nazis dirigido por las tropas de ocupación francesas, el 23 de junio de 1945, bajo juramento, confesó “que su adhesión al NSDAP era la única y suprema posibilidad de evitar el avance del marxismo en Alemania”.

Ahora sí tiene sentido ese lema que se presentaba como una broma siniestra, El trabajo a la comunidad nacional nos hace libres, “Arbeit macht frei”. Y justificar el universo de los campos, en sus diferentes versiones, como instituciones no sólo legítimas sino necesarias para la existencia del pueblo alemán como tal. El semestre de invierno de 1933-1934 es el período más activo del filósofo Martin Heidegger como rector de la Universidad de Freiburg. Recordemos brevemente que su nombramiento fue a pedido de las instancias organizativas nazis y que con pomposidad el 1º de mayo de 1933 se afilió públicamente al NSDAP.

El número de carnet de partido de Heidegger era el 3125894, del Gau Baden. Heidegger pagó escrupulosamente sus cuotas de militante hasta marzo de 1945, además de estar suscripto a los dos diarios nazis más ignominiosos: el Völkischer Beobachter y Der Alemanne de Freiburg. Informes de inteligencia del SD (Sicherheitsdienst, el Servicio de Seguridad de las SS dirigido por Heydrich) confirman a lo largo de los doce años del IIIº Reich su apoyo incondicional al NS-Staat. Como hemos podido ver en otros textos el filósofo participó activamente en el apoyo radical al dominio del NSDAP, incluso tomando posiciones que lo hacían un radical de la nueva derecha. En este caso Heidegger realiza un discurso institucional a trabajadores desempleados ahora en actividad en los múltiples programas de trabajo forzoso en el ReichsArbeitsDienst (RAD, Servicio de Trabajo Imperial). El régimen nazi había declarado la “batalla del trabajo”, construido la ideología de la “nobleza del trabajo alemán” y la ilusión de una nueva revolución que igualaría a todos en una comunidad nacional-racial, la Volksgemeinschaft. Entre el 1º y el 27 de junio de 1933 se encauzan la ley para la reducción del paro y la ley para la formación de la empresa que construirá las famosas autopistas del Reich. A fines de ese año ya trabajaban en obras principales o accesorias más de dos millones de ex parados, una tercera parte de los desocupados que había en 1932. El mismo mes que empezó la batalla del trabajo se prohibió el SPD, el partido socialdemócrata y se autodisolvió el de los conservadores. La nueva nación alemana debía ser una totalidad eterna enraizada en el espíritu ario y todos sus miembros se consideraban iguales en categoría, aunque no en función. Después de la Machtergreifung se creó el “Frente Alemán del Trabajo” (DAF, Deutsche arbeitsFront), nombre de reminiscencias bélicas, que ocupaba el lugar de los sindicatos marxistas y liberales disueltos a la fuerza el 2 de mayo de 1933. Todos los trabajadores asalariados fueron obligados a afiliarse, organizándose según fábrica e industria en círculos nazis. El DAF controlaba los contratos y los despidos, el salario, los seguros, el cuidado de los ancianos jubilados y los trabajadores incapacitados. Se deseaba una entrega militante, así que el DAF asumió, como en elstajanovismo de la URSS o la battaglia del grano de Mussolini, la fraseología de la guerra buscando incrementar la explotación y aumentar la productividad. El DAF quería producir un nuevo tipo de trabajador, alejado del modelo de consciencia de clase del marxismo o del apático holgazán. Gran parte de esta ideología y su consecuente legislación era el miedo del NS-Staat a las huelgas. El tipo ideal del nuevo trabajador racialmente consciente era elVolksgenosse Müller, un personaje literario creado por Walter Dach (un escritor muy prolífico que escribió la mayoría de sus obras para el DAF), que representaba al verdadero proletario. Como tantos otros trabajadores, Müller había sido ganado por el marxismo apátrida y cosmopolita pero su naturaleza verdaderamente aria se rebela cuando descubre que los marxistas son traidores a la Patria y además son un instrumento de los patrones. Müller también se ilumina con la idea que el verdadero patriota debe negar la primacía de las consideraciones económicas en la ordenación de la estructura social de Alemania.

Honradez contra hipocresía, la idea es que el pueblo alemán puro es tan derecho como un tronco. Sólo hay que sincronizarlo, despertarlo y hacerlo decidido en su decisión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s