Archivo | agosto, 2010

Poesía y sentido

30 Ago


Susana Romano Sued, novelista, poetisa y sobreviviente de La Perla
“Toda experiencia poética es transformadora”

Romano Sued experimenta con las palabras, también indaga sobre la memoria y sus registros en la literatura. Escribió una novela sobre los campos La Perla y La Ribera, durante la dictadura en Córdoba, pero advierte que no es autobiográfica, aunque es parte de “la posibilidad de representar y de dar cuenta de la experiencia que tiene el lenguaje literario”.
Por Verónica Engler

–¿Qué es la poesía?

–Borges decía: “Cuando me lo preguntan, no lo sé, y cuando no me lo preguntan, lo sé”. Creo que uno no puede contestar a una pregunta metafísica, como la del ser. Pero puedo decir que la poesía es escritura, hay una materialidad, es un ejercicio del lenguaje y es un ejercicio especializado que requiere un entrenamiento. Y también es medio un enigma. Pero uno podría decir, un poco idealistamente, como decía uno de los hermanos Schlegel, que la poesía es una elevación del espíritu, que sería lo máximo adonde podría llegar el sujeto humano, y que todo lo que se hace son como porciones de ese nivel superior. Pero en realidad es el acceso a un mundo simbólico que transita en el borde de lo real, lo real de la carne, del mundo, de la muerte. Esto es una construcción que, al menos al que escribe, tal vez también al que lee, le permite velar un poco lo que es el abismo fundamental del ser, y mantener a raya en cierto modo la amenaza de la inminencia de la muerte, o de lo real, o del horror, la poesía siempre transita por ahí. A la vez que se expulsa un poco esa amenaza del abismo, un poco también se la visita y, a veces, la atracción de ese abismo es muy grande y los poetas sucumben. Pero la posibilidad de reconocimiento de la tragedia fundamental del sujeto al mismo tiempo permite desdramatizarla, porque lo que se puede hacer con la creación, también, es transmitir una experiencia, para no hablar solo sino con otros.

–Usted planteó en algún momento que hay que pensar la poesía, debatirla, para sacarla de cierta molicie del no pensar. ¿Por qué esta necesidad de reflexionar sobre una materia que de antemano se presupone ajena a esta demanda de esfuerzo?

–Nuestra sociedad quiere analgésicos, y pensar tiene un costo, pensar también duele. La civilización contemporánea, ya sea a través de la anestesia que producen las imágenes de horror, de violencia, o del puro entretenimiento, usa todo el lenguaje para mantener al espectador en un nivel de no pensar, porque está programada la pregunta, la respuesta, los diálogos, la expresión, la muletilla. Las modas producen estereotipos que uno incorpora y los usa automáticamente, eso produce también como una comodidad en el sujeto que no tiene ganas de ir más allá y pagar un precio por pensar otra cosa. En relación con pensar la poesía habría como dos posturas estereotipadas, o bien tomar la poesía como si fuera algo que es un vehículo de teorías filosóficas o de temas, o bien tomarla desde el punto de vista estrictamente lingüístico-filológico, atendiendo solamente al procedimiento y contando las rimas o las vocales. Creo que hay que sacarla del atolladero de estos dos extremos y ver que se trata de un conjunto enunciativo que arrastra consigo un índice, una huella, tanto de lo que en sí evoca algo que está más allá del lenguaje instrumental, pero que lo hace con recursos de la materia lingüística que no pueden ser ignorados. El uso de todos los recursos posibles del lenguaje requiere de un trabajo de entendimiento, de una lógica, implica elecciones. Claro que la poesía espontánea puede tener sus hallazgos y uno la puede pensar también. Algo que me enteré hace un tiempo es que muchos cantantes de hip hop quieren aprender reglas de versificación, porque para combinar los acentos se necesita conocer sobre rima, la extensión de las sílabas o la medida de los versos. Pero el verso libre tiene un ritmo, y el ritmo es la respiración del lenguaje, enmarcada por esa elección del que escribe. Yo creo que cada escritura construye su propio código, con un ritmo, un léxico, una intención, figuras, tropos, a lo largo de una obra puede encontrar un lenguaje que es propio y es gregario, porque no se pueden destituir todos los significados convencionales.

–¿Una palabra se convierte en otra según el contexto?

–Mi posición es que en el momento en que una palabra o una imagen entra en su lenguaje específico artístico no pierde todos los significados convencionales para dejar aparecer un nuevo signo. Creo que al significado convencional le añade, o le quita, o le resta, pero primero hay que reconocerlo, o no reconocerlo, pero si es irreconocible, entonces habrá una apuesta al oído, al tono, al silencio, al blanco. Será, entonces, una construcción que hay que pensarla, para hacerla y para descifrarla. La desenigmatización de un poema que puede parecer hermético requiere entrenarse en ese lenguaje que ha construido el escritor, que es un lenguaje escuchado entre lo que imponen los géneros, la tradición, la lengua materna, la lengua de los otros poetas con la que uno siempre está dialogando, la textura y la propia pulsión de escritura. Toda posición sobre un lenguaje artístico encierra una posición epistemológica, filosófica e ideológica sobre el lenguaje. Toda experiencia poética, con cualquier tipo de lenguaje, sea de imágenes o de música, es una experiencia transformadora, que abre el sujeto a un universo simbólico, imaginario, que lo enriquece, a veces con dolor. Cuando yo hablo de pensar, hablo de pensar junto con las emociones, con la evocación de otro recuerdo.

–Su novela Procedimiento. Memoria de La Perla y La Ribera narra los horrores de los centros clandestinos de detención, una experiencia por la que usted pasó. Pero usted ha hecho hincapié en que no se trata de un texto testimonial ni autobiográfico. ¿Por qué le parece importante que no se asocie esa ficción con la propia historia de quien la escribió?

–Ser víctima no es un honor. Por eso me parece que los archivos tienen que ser públicos, como debe serlo la verdad, garantizándose el derecho a la información, pero deben ser abordados con mucho cuidado, protegiendo al testimoniante. Por cierto que lo testimonial aporta de manera muy valiosa y legítima para reconstruir la verdad de los acontecimientos, pero también cuando uno cuenta y cuenta el horror, en una escena pública, y describe y muestra una y otra vez los hechos con la crudeza de un informe, se puede alimentar la voracidad del morbo, la exhibición insistente de la violencia podría resultar en un goce perverso. Es lo que se desencadena en la mayoría de los casos en el ámbito de los medios de comunicación. Pero hay una cuestión ética que tiene que ver con pasar por escrito el testimoniar, dejar un registro de memoria en el género narrativo, con un tipo de enunciación literaria, con una poética, que tiene la capacidad “sismográfica” de capturar estéticamente un trozo de la historia. Esto está estrechamente ligado a la posibilidad de representar y de dar cuenta de la experiencia que tiene el lenguaje literario. Por otra parte, cuando se emprende, como en mi caso, una y otra vez, el acto de testimoniar estéticamente, evocando, realizando “anamnesis” contra la amnesia, cuya raíz (etimológica) es la misma que la de la amnistía, como yo lo vengo haciendo en todos mis libros, la factura literaria coloca en posición de tercero al enunciador que atestigua sobre los hechos, aun cuando se trate de una experiencia propia, biográfica. El asunto es también que hay un aspecto de “prueba” que tendría el testimonio escrito, literario, que brinda materia lingüística al intérprete, para recuperar asuntos de la historia. Estamos asimismo en el terreno del “contenido de verdad” que tendría una obra, en el sentido de (Theodor) Adorno. Pues bien, el lenguaje tiene capacidad indicial, su función semiótica de indicar, como lo conceptualiza Peirce, es lo que permite reconstruir el sentido y los significados que arrastra consigo el signo. Pero Procedimiento… es una creación literaria, ficcional, que ha recurrido, por cierto, a fuentes objetivas, documentos, experiencias personales, literaturas varias, películas, relatos testimoniales, pero es ficción. Si se lo rodea del predicado de “novela sobre violaciones a los derechos humanos” es probable que concite de inmediato un tipo de lectura, una restricción, una orientación puramente heterónoma, que ciega la mirada sobre la densidad de la materia del lenguaje. Insisto en que se puede decir, se puede contar, “imágenes, pese a todo”, diría (Georges) Didi-Hubermann (Didi-Hubermann es un historiador del arte que escribió el libro Imágenes pese a todo, sobre las fotos que fueron tomadas clandestinamente por miembros de los Sonderkommando, que eran los judíos que tenían que meter en la cámara de gas a sus congéneres y luego enterrarlos; después ellos mismos también eran condenados). El asunto es que el mundo simbólico, hecho de signos, expresa de manera no-toda aspectos de la vida, del mundo, del pasado; entonces, el argumento de que si no puede decírselo todo, no se puede decir nada, facilita la posición cómoda de lo inefable. Los responsables de hechos aberrantes en la historia se han ocupado siempre en desmentirlos, camuflarlos, borrar sus huellas, y eso aumenta la necesidad y exige la responsabilidad de que, precisamente, se dejen registros de lo que se pretende borrar. Es por eso que argumentar con lo no representable del horror se hace cómplice de los camufladores.

–En su escritura usted incorpora abundantes palabras en otros idiomas, como el alemán, el hebreo, el idish, el ladino, el árabe. ¿Por qué opta por esta inclusión de vocablos extranjeros?

–Es una elección muy consciente. Tiene que ver con cómo yo aprendí a hablar, y cuáles son las hablas que escuché, yo oí estas lenguas: el hebreo, el árabe, el idish, el ladino, en mi casa. En Procedimiento… incluí palabras en alemán, que parece una restricción en el alcance de la comprensión, yo quería extrañar pero además unir, para que no fuera solamente una escritura que refería sólo y exclusivamente a La Perla y a La Ribera, como los delitos de lesa humanidad y a las ofensas a los cuerpos y a los sujetos en situación de cautiverio en nuestro país y en el genocidio nazi o cualquier otro. Tenía que ser en alemán porque yo tomaba y desarmaba en ese libro poemas de Paul Celan, que es el poeta que combatió hasta el último día de vida la lengua alemana como lengua genocida. Yo, por el genocidio argentino, fui a la tierra en donde se hablaba la lengua de los asesinos, Celan denuncia esa lengua. Pero la inclusión que hago de esas palabras no es para enigmatizar.

–Usted encara la tarea de la traducción poética como un acto de creación poética en sí mismo, ¿qué implica esta postura al traspasar una obra de una lengua a otra?

–Si partimos de la idea de que el lenguaje no es transparente, cada lengua está hecha de los lenguajes y las hablas de construcciones históricas. Poner juntas dos lenguas para alojar en una lo que ha sido hecho en otra implica un trabajo de creación. Un trabajo que es intelectual, lógico, de investigación de las ciencias del lenguaje, pero en el caso de los lenguajes poéticos implica una exploración de las capacidades que tiene la lengua de llegada de extremar, profundizar, el gesto poético que aparece en esa construcción única y singular que es un poema en otra lengua. Uno podría decir que es el segundo enunciador del mismo texto. Entonces, la traducción está en una posición como paradójica en ese punto, por un lado es algo reproductivo, porque sobre esa lectura de lo hecho antes se pasa su hechura lo que es venidero, que es lo traducido. Yo considero que las traducciones de un mismo texto hechas en distintos momentos forman parte del original como si fueran sus variantes. Cuando uno traduce literatura no es que se imbuya del alma del poeta, ni se convierta en un alma gemela, sino que investigar la lengua nos aporta recursos para realizar una interpretación del texto que se traduce. Lo ideal es conocer ese lenguaje construido por un autor, entonces se puede llegar a ver como un hálito poético. Para la traducción como yo la pienso, como una tarea seria de escritura, es necesario conocer, indagar, descifrar las relaciones que están puestas, que muchas son alusiones, significados velados, o usos de términos particulares en el contexto de esa misma construcción. Yo practico la traducción porque me interesa ver cómo una obra traspasa fronteras históricas, geográficas, lingüísticas, religiosas y culturales. Hay algo siempre que se puede decir en otra lengua como no se lo puede decir en la propia. Una traducción es una estación en el largo viaje que una obra tiene sobre el mundo, siempre es provisoria.

–Usted, además de escribir y traducir poesía, también se dedica a investigarla desde el ámbito académico, sobre todo focalizó en la poesía experimental que usted bautizó con el nombre de “expoesía”. ¿Cuáles son las creaciones que en los últimos años le resultaron interesantes?

–Dentro de la expoesía están incluidas formas de experimentación que incluyen lo visual, lo cinematográfico, lo sonoro, la experiencia de poetizar. Esto tiene una larga trayectoria, y hay un poeta que ha investigado mucho y cuya fuente para mí fue inapreciable, que es Jorge Perednik. El, por ejemplo, tiene una concepción muy interesante de lo que es la poesía visual, hace remontar el nacimiento de la poesía visual argentina a la Cueva de las Manos. También me parece que hay que revalorizar absolutamente al gran Antonio Vigo, el poeta, pintor, teórico y experimentador platense. Es interesantísimo porque paralelamente a los situacionistas, como (Guy) Debord en Francia, tenía como un anticipo de lo que las experiencias artísticas estaban gestando. El condensa una respuesta y una propuesta, y alrededor de él otra gente, con la idea de una creación artística colectiva, de transformar la sociedad de su alienación cotidiana, de mirar los objetos y colocarlos de otra forma para ampliar las experiencias perceptivas de enriquecimiento subjetivo de la sociedad. En los últimos años he comprobado como una especie de incorporación de crítica social por parte de los poetas contemporáneos, que son los que yo llamaría poetas urbanos, que hacen intervenciones, que pintan un tacho de basura, o que dicen unas frases arriba de un techo, o que hacen comunicaciones alternativas en editoriales underground, o que se mezclan con DJs.

–Hay expresiones de lo poético en las calles, en lo cotidiano…

–Hay toda una ebullición que tiene mucho que ver con la ironización de muchos de los textos sociales, de una manera que los sustrae del formato programado y digerido que los medios proporcionan, a pesar de que hay muchísimo de lo que yo llamo patrimonialismo, es decir, cualquier cosa distinta el mercado rápidamente se la apropia y la convierte en mercancía. Pero los artistas expoetas, que (Ana) Longoni llama “activistas”, están luchando todo el tiempo por un lado por visibilizarse, por otro lado peleando por no ser de la misma genealogía que todo lo otro que se musealiza, se patrimonializa, como pasó con el mingitorio de Duchamp, que después se convirtió en el principal arte burgués. Con sus apariciones sorpresivas, por ejemplo, los expoetas nos sacan de esta solitariedad en que nos coloca una sociedad que está llena de miedo, en donde uno se conecta con el mundo a través de la pantalla, con comunidades imaginarias, se crean redes sociales virtuales. Pero no creo que haya que condenar eso, sino que cada vez más eso parece interponerse en las relaciones directas entre los sujetos, y las cuestiones identificatorias provienen de otro lado, son unívocas, no de personas que constituyen un colectivo. El problema contemporáneo es que se vive un puro presente que es anestesiante, porque nos hace olvidar que somos mortales, que estamos insertos en una historia. Yo creo que hay una demanda de escritura, de imágenes, que significa proponer un después de hoy, pero no un “post” o la biopolítica que propone (Giorgio) Agamben. Porque la biopolítica es entregarse a funciones más allá de cualquier regla social, no se apuesta tanto a consensuar, para constituir un colectivo gregario, es como si se potenciara la condición de miembro de la horda en los sujetos. Entonces hay como un repliegue en la individualidad, eso también es la herencia del neoliberalismo, el autismo social. Yo creo que hay que recuperar el valor de la palabra, del develamiento, porque el velo del lenguaje está siendo muy agujereado, hay como una pulsión a hacer cosas, no está lo simbólico, que es lo que hace de intermediario entre lo bruto de lo real, del mundo pulsional.

Heidegger, la palabra

29 Ago


El perfeccionamiento de la ciencia del lenguaje, puesto como meta de la meditación “sobre” la palabra, sería un motivo demasiado precario para el pensar. Pero aun la amenaza a la esencia del hombre (die Bedrohung des Menschenwesens) a causa de la decadencia (Verfall) del lenguaje y la degradación de la palabra no puede bastar para justificar el pensar “sobre” la palabra, ya, empero, aparentemente reflexionado. Además de esto, la decadencia del lenguaje es quizá solamente una consecuencia de la amenaza a la esencia del hombre, amenaza que viene de otro origen. Ella surge del olvido del ser.

Iguales…

25 Ago


Astrónomos descubren un sistema planetario semejante al Sistema Solar
martes 24 de agosto, 2:58 PM
Santiago de Chile, 24 ago (EFE).- Astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) han descubierto desde Chile un sistema planetario semejante al Sistema Solar que contiene al menos cinco planetas que orbitan una estrella “tipo Sol”, informó hoy el organismo científico.

Los investigadores obtuvieron, además, una evidencia de que otros dos planetas podrían existir en el sistema descubierto, uno de los cuáles tendría la menor masa jamás hallada, dijo la organización astronómica.

Esto asemejaría el nuevo sistema con el Sistema Solar en cuanto al número de planetas (siete frente a los ocho del Sistema Solar), así como en lo referente a las distancias de los planetas a su estrella, que siguen un patrón regular que también se evidencia en el Sistema Solar.

“Hemos hallado lo que probablemente sea el sistema con el mayor número de planetas descubierto hasta ahora”, afirmó Christophe Lovis, miembro del equipo del descubrimiento.

Hasta el momento los astrónomos conocían la existencia de 15 sistemas con al menos tres planetas.

“Este notable descubrimiento también resalta el hecho que ahora estamos entrando en una nueva era de exoplanetas: el estudio de sistemas planetarios complejos y no sólo planetas individuales”, agregó Lovis.

El equipo de astrónomos empleó para el hallazgo el espectrógrafo HARPS, el más exitoso buscador de exoplanetas del mundo, instalado en el telescopio de 3,6 metros de ESO en el observatorio La Silla, situado en la región de Coquimbo, al norte de Chile.

Gracias a 190 mediciones del espectrógrafo, los investigadores detectaron diminutos movimientos hacia delante y hacia detrás de la estrella provocados por las atracciones gravitacionales provenientes de cinco o más planetas.

Las cinco señales más fuertes corresponden a planetas con masas similares a la de Neptuno, que orbitan a la estrella con períodos que van desde 6 a 600 días y que están ubicados unos 1,4 veces la distancia existente entre la Tierra y el Sol de su estrella central.

El Observatorio Europeo Austral (ESO, por su sigla en inglés) es la principal organización astronómica intergubernamental y opera en tres sitios únicos de observación en Chile (La Silla, Paranal y Chajnantor).

Leyte, Holzwege

16 Ago


Los seis escritos que componen esa obra proceden precisamente del significado Holzwege, proceden, por lo tanto, del carácter impreso por Ser y tiempo como intento que necesariamente no podía ser más que un indagar sobre algo que en ningún caso podía aparecer como sistema cerrado. Porque efectivamente, Holzwege no presenta un sistema ni una filosofía, sino más bien una señal de cómo hay que ponerse a hacer filosofía, a saber, emprendiendo un camino cuyo trayecto no conduce a una meta -como sí condujo la historia de la filosofía- sino fuera de toda meta, de todo fin, allí donde la desaparición del camino no solamente no es una limitación, sino la genuina ganancia del lugar y del momento en el cual y a partir del cual se puede comenzar a pensar en primer lugar qué significa verdaderamente una pérdida. Aprender a pensar esa pérdida, saber que lo genuino no es la segura posición del sujeto, sino el incierto existir y saberse como ese existir antes que como conocer, dirige en última instancia a la posibilidad del desplazamiento que consiente considerar lo que en Ser y tiempo se llamó ‘sentido’ y en Holzwege ‘claro’ (“Lichtung”). Pero en el fondo, Ser y tiempo es el primer “Holzwege” de Heidegger, y ello en un sentido casi literal.

Hitchens, “sobrellevar” el cáncer

14 Ago


Topico de Cancer
Por CHRISTOPHER HITCHENS

En mis tiempos, más de una vez desperté sintiendo que me moría. Pero nada me preparó para esa mañana de junio pasado, cuando ingresé a la conciencia sintiendo que estaba encadenado a mi propio cadáver. La cavidad de mi pecho y tórax parecía haber sido vaciada y luego rellenada con cemento de secado lento. Podía escucharme respirar débilmente, pero no conseguía inflar mis pulmones. Mi corazón estaba latiendo demasiado o demasiado poco. Cada movimiento, por leve que fuera, requería planeamiento y reflexión. Me costó un esfuerzo extenuante cruzar la habitación de mi hotel en Nueva York y llamar a la emergencia médica. Llegaron con gran celeridad y se comportaron con inmensa cortesía y profesionalismo. Tuve tiempo para preguntarme por qué necesitaban tantas botas y cascos y tanto equipo pesado, pero ahora que veo la escena en retrospectiva la interpreto como una gentil y firme deportación, que me llevaba desde el país de los sanos hacia la frontera que delimita la tierra de la enfermedad. En unas horas, después de bastante trabajo de emergencia en mi corazón y pulmones, los médicos en este triste puesto de frontera me mostraron algunas postales del interior y me dijeron que mi siguiente parada sería con el oncólogo. Una especie de sombra se estaba extendiendo sobre los negativos. La noche de esa terrible mañana se suponía que debía ir al Daily Show de Jon Stewart y aparecer en un evento que tenía las entradas agotadas en el Upper East Side: una conversación con Salman Rushdie. Mi breve campaña de negación tomó esta forma: no iba a cancelar estas apariciones o decepcionar a mis amigos o perder la oportunidad de vender una pila de libros. Me las arreglé para llevar adelante ambos shows sin que se notara nada, aunque vomité dos veces, con una extraordinaria combinación de precisión, prolijidad, violencia y profusión, justo antes de cada presentación. Esto es lo que hacen los ciudadanos del país de los enfermos cuando se están aferrando desesperadamente a su viejo domicilio.

A su manera, esta nueva tierra da la bienvenida. Todo el mundo sonríe tratando de ofrecer apoyo y parece que no hay racismo en absoluto. Prevalece un espíritu igualitario, y los que dirigen el lugar obviamente llegaron a ese puesto gracias a sus méritos y su trabajo duro. Las contras son que el humor es un poco tonto y repetitivo, que casi no se habla de sexo y que la cocina es el peor destino que yo haya visitado. El país tiene un lenguaje propio –una lingua franca que se las arregla para ser al mismo tiempo boba y difícil, y que contiene palabras como ondansetron, para nombrar la medicación antináuseas–, así como algunos gestos inquietantes a los que cuesta tiempo acostumbrarse. Por ejemplo, un oficial que uno recién conoce puede abruptamente hundirte los dedos en el cuello. Así descubrí que mi cáncer se había extendido a los nódulos linfáticos, y que una de estas deformes bellezas –ubicada en mi clavícula derecha– era lo suficientemente grande como para ser vista y sentida. No es bueno cuando un cáncer es palpable desde afuera. Especialmente cuando, en este punto, no sabían cuál era el origen primero. El carcinoma trabaja astutamente desde adentro hacia afuera. La detección y el tratamiento con frecuencia trabajan más lentamente, de afuera hacia adentro. Se me insertaron muchas agujas en el área de la clavícula y me dijeron que los resultados de la biopsia tardarían una semana.

Trazando el recorrido de las células cancerígenas reveladas en este estudio, se tardó bastante más que eso para descubrir la desagradable verdad. La palabra “metástasis” fue la escrita en el informe que atrajo mi mirada y mi oído. El alien había colonizado un poco de mi pulmón, así como mi nódulo linfático. Y su base de operaciones original estaba localizada –-había estado localizada por bastante tiempo– en mi esófago. Mi padre había muerto, y muy velozmente también, de cáncer de esófago. Tenía 79. Yo tengo 61. En cualquier tipo de carrera que la vida pueda ser, abruptamente me había convertido en un finalista.

La notable teoría de los estadios de Elisabeth Kübler-Ross, en la que uno progresa desde la negación hasta la ira, desde la negociación hasta la depresión y de allí a la eventual dicha de la aceptación, no ha tenido demasiada aplicación en mi caso por ahora. De alguna manera, supongo, he estado en negación por mucho tiempo, quemando la vela por ambos extremos y sintiendo que daba una luz muy hermosa. Precisamente por esa razón no me veo frunciendo el ceño en shock, ni me escucho rezongando sobre la injusticia de todo el asunto: he desafiado a la Guadaña para que dirija su filo hacia mí, y ahora he sucumbido a algo tan predecible y banal que incluso llega a aburrirme. La ira estaría fuera de lugar por la misma razón. En cambio, me siento oprimido por una sensación de desperdicio. Tenía planes reales para la siguiente década y sentía que había trabajado duro para lograrlos. ¿Realmente no voy a vivir para poder ver a mis hijos casados? ¿Para volver a ver en pie al World Trade Center? ¿Para leer –o escribir– los obituarios de villanos como Henry Kissinger o Joseph Ratzinger? Pero entiendo esta especie de no-pensamiento por lo que es: sentimentalismo y autocompasión.

El estadio de la negociación, sin embargo. Quizás haya una vía de escape ahí. La negociación oncológica es que, a cambio de al menos la oportunidad de unos pocos años útiles, uno accede a someterse a la quimioterapia y después, si tiene suerte con eso, la radiación o incluso la cirugía. Así que éste es el trato: usted se queda un tiempo más, pero a cambio vamos a pedirle unas cosas. Estas cosas pueden incluir tus papilas gustativas, tu capacidad de concentración, tu capacidad de digerir y el pelo de tu cabeza. Parece un intercambio razonable. Desafortunadamente también incluye enfrentarse con uno de los más atractivos clichés de nuestro lenguaje. Ya lo escucharon. La gente no tiene cáncer: la gente lucha contra el cáncer. Nadie que te desee lo mejor omite esta imagen combativa: podés vencer esto. Incluso está en los obituarios de los que perdieron la lucha, como si uno pudiera razonablemente decir de alguien que ha muerto después de una valiente y larga lucha contra la mortalidad. No se aplica a los enfermos cardíacos o renales.

Yo adoro el imaginario de la lucha. Con frecuencia deseo estar sufriendo en una buena causa, o arriesgando mi vida por el bien de otros, en vez de ser un paciente en riesgo. Déjenme informarles, sin embargo, que cuando uno está sentado en una habitación con otros finalistas, y gente amable trae una bolsa transparente de veneno y la enchufa en tu brazo, y uno lee o no un libro mientras el veneno se introduce en tu organismo, la imagen del ardoroso soldado o del revolucionario es la última que aparece. Uno se siente hundido en la pasividad, se disuelve en la impotencia como un terrón de azúcar en el agua.

Estas son mis primeras reacciones acerca de estar enfermo. Silenciosamente estoy resuelto a resistir físicamente lo mejor que pueda, aunque sea pasivamente, y buscar el consejo más avanzado. Mi corazón y mi presión sanguínea y otros registros están recuperados: de hecho, se me ocurre que si no hubiera tenido una constitución tan corpulenta, hubiera vivido una vida mucho más saludable hasta aquí. Contra mí está el alien ciego y sin emociones, alentado por muchos que alguna vez desearon verme enfermo. Pero del lado de la continuidad de mi vida hay un grupo de brillantes y generosos médicos, además de un asombroso número de grupos de plegaria. De estas dos cosas espero poder escribir la próxima si, como decía siempre mi padre, se me permite.

Heidegger, la ciencia

12 Ago

La ciencia existe solamente en la pasión del preguntar, en el entusiasmo del descubrir, en lo implacable del dar críticamente cuenta, del demostrar, del fundamentar.

Safranski-Nietzsche, vida y pensamiento

10 Ago


Todos pensamos sobre nuestra vida, pero Nietzsche quiere conducir la suya de tal manera que obtenga motivos para pensar. Se trata de un pensamiento que obtenga en la vida un orden de experimentación, se trata de un ensayismo como modo de vida.