Legitimidad en la legislación, problema moderno

11 Jul

En debate. Ni el bienpensante de Jinkis ni los siempreconservadores de siempre.

Te has formado una tropa de miserables, montón de gente perdida, abandonada de la fortuna y aun de toda esperanza. Entre ellos, ¡qué contento te invadirá!; ¡cómo temblarás de alegría!; ¡qué rapto de embriagues delirante, cuando entre los tuyos ya no oigas ni veas un solo hombre honesto!
Primera Catilinaria.

Este pequeño escrito busca decir una palabra que no sea una necesaria posición (nuestro encomiado Heidegger decía de ella “sólo un descanso en el camino”) a “derecha” o a “izquierda” sobre el dado en llamar “matrimonio gay o casamiento gay”. Es, por supuesto, una muy mala política para hacer amigos con la que estoy de acuerdo hace mucho tiempo. Ojo con probar el sistema pues, realmente, te separa de legiones enteras que quieren “caer bien” o ser “buena gente” o simplemente están encuadrados en una línea como, creo, se trata de don Jinkis o de los otros que creen que la cultura occidental y sus derroteros no podrían sostenerse sin su intervención por siempre moral. Pero no sólo hablo de los que intentan chapucear algo por escrito sino, fundamentalmente, de los lectores que bajo un silencio muchas veces táctico no quieren perderse de ninguna fiesta –para llamar así a las prebendas, cargos, contactos, etc.-.

Jinkis inicia su último artículo publicado Página 12 llamado “¿A qué llama “familia” la Iglesia?” bajo esta consideración: “La cuestión que se discute puede pasar desapercibida entre tanto ruido. No se trata de saber si hay formas psicopatológicas de la sexualidad, como de la injerencia de las autoridades de la Iglesia Católica argentina, que pretende legislar sobre nuestros amores y goces sexuales. Tiene todo el derecho a sostener su posición sobre esos asuntos y tratar de incidir sobre su grey; ningún derecho sobre esa pretensión.” Es muy llamativo que Jinkis no recuerde que la Iglesia Católica no ha dejado de ser un eje de referencia para el Estado Argentino. No digo que les tenga que gustar a todos. Pero así como hay fiestas patrióticas y en ellas misas y cardenales junto a los actos oficiales del Estado, también hay miles de subvenciones a colegios y universidades, para no hablar de sueldos abultados para los intelectuales orgánicos que son de algún modo la jerarquía eclesiástica, incluso para los meros curas y pequeños institutos apadrinados. Quiero decir que acá debemos sincerarnos: o la Iglesia es un eje de referencia moral para la Nación que buscamos construir o no. Y si no lo es, no sólo estaría en cuestión su opinión “retrógrada” (al decir de muchos) sobre lo que conviene o no a la sociedad sino su lugar mismo en el Estado Nacional y Popular.

Es, incluso, llamativo que los curas que se expresaron a favor de la cuestión sean los que “trabajan” en villas o los que “trabajan” en barrios –muchos del llamado “tercer mundo”. ¿Será el mundo del trabajo ese famoso tercero?-. Pareciera que el lugar que muchos creen que tienen (por ejemplo Bergoglio para dar un nombre) –y supongo que los psi deberían ya estar todos advertidos de esto- tiene directamente que ver no con una pretensión infundada y arcaica en la que se concibe a la familia bajo una óptica sin historicidad –cito a nuestro amigo Jinkis- donde “la Iglesia acepta más o menos llamar “familia” a la unidad de consumo burguesa compuesta por mamá y papá casados con hijos concebidos (no sólo pensados) dentro de un matrimonio consagrado (y extiende su benevolencia a formas cercanas)…” y donde el problema sería “…que quiere hacer pasar esta forma de la familia como la forma “natural”, base de la estructura social (también natural) y condición de la reproducción de la especie (aunque la especie se las arreglaba bastante bien antes de la existencia de la Iglesia)”, sino con que la Iglesia es parte de los Ideales o Referenciales de Autoridad de nuestro Estado Nación. Pero no sólo es parte para la grey católica. Es parte para todos los argentinos que les pagan los sueldos con los impuestos. Es tan parte como los jueces y los legisladores… Y claro… hacen y dicen lo suyo… No se les puede prohibir, sino ¿para qué están?

La Iglesia y el Estado están separados. O sea, no están casados ya. Pero tampoco hay que creer que son independientes como sostiene la posición de enunciación de los progres y neo-populistas que nos rodean. Ellos mantienen una relación. Son viejos conocidos. Uno recibe su pensión abultada y sus espacios de recreos y de inserción ideológica y social y, el otro… El otro recibe lo que recibe cualquier ex-marido: críticas y cada tanto algún permiso, si se sabe insistir, claro.

Jinkis insiste en preguntarse-desconfiar –no es una verdadera pregunta, eso habría sido menos progre- en ¿a qué llama “familia” la Iglesia? Y pregunta (irónicamente claro): “¿a qué cosa llama “familia” la Iglesia? ¿Qué entiende por “matrimonio”? ¿Recordará que Israel fue la Esposa de Dios (antes de que se prostituyera)? ¿Tiene en cuenta que ella es “Esposa” de Cristo aunque Jesucristo tiene miles de “Esposas”? ¿Por qué llama “hermanos” y “hermanas” a personas que no están unidas por ningún lazo jurídico o de sangre? ¿No hay en la Iglesia “Padres”, “Madres”, “Hijos”? ¿Tendríamos que pedirles que concurran a los tribunales terrenales a legitimar esos títulos?“ No querido Jinkis, en la Iglesia hay padres como hay padres en nuestro Estado Nacional. Los padres de la Iglesia –mal que les pese a algunos- son el Papa, los cardenales, los obispos y los curas, por eso se les dice “padre”. Son en representación de un elemento de autoridad que les viene de Dios. O sea, de la lectura de los libros sagrados sostenidos en modo de la fe. Modo que hasta la hermenéutica oficial de esa lectura deja a cargo de estos “padres”. Más acá que se esté de acuerdo con ello o no, insisto, lo sostenemos en prácticas simbólicas y económicas como sociedad. Quizás debamos revisarlas si luego no queremos que la Iglesia nos exprese cómo sostener la autoridad para legislar. Pues, sino: ¿dónde sostener la autoridad paterna?

Claramente este es el punto de discusión. No interesa realmente la “unión jurídico civil” de los gays o lesbianas. Lo que está en juego es ¿qué marcas de autoridad tiene que tener un padre? O, para decirlo de otro modo, si nuestro Estado va a darle la potestad simbólica a los homosexuales para ubicarse en ese lugar frente a la posible adopción de un menor. Este es el punto actual de la discusión que no es baladí. Allí se juega el futuro de la AUCTORITAS PATRUM como facultad para rechazar las decisiones de las asambleas populares. O sea, como elección social de nuestro futuro sin dejar todo el futuro en el consenso democrático. Claro eso es tremendo para el progresismo: algo no democrático. Sí, claro, como la verdades de la ciencia, de la justicia, de la medicina, del psicoanálisis, la filosofía, la historiografía, etc. Ahora, ¿forma la Iglesia parte de lo que queremos de nuestra tradición? ¿De lo que deseamos sostener para nuestro futuro como sociedad? La cuestión es ¿con qué marcas de autoridad se puede sostener la cuestión paterna? ¿Será que sólo valen los discursos igualitarios? Pero, entonces, ¿cómo sostener una jerarquía paterna? La ciencia, el pensamiento y quizás la religión han sido lugares simbólicos de tales heraldos. ¿Cuáles elegiremos y con base a qué legitimidad discursiva para nuestro futuro? Progres y siempreconservadores abstenerse de responder, se requiere un reflexión más profunda.

filosofia.alemana@gmail.com

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