Libro V (notas y materiales, nihilismo).

3 May

La creación del “anarca” esta en la sombra de la obra de Nietzsche. El “nihilismo” como proceso histórico-social y el posible subterfugio por la vía del “nihilismo activo”, o sea como una respuesta al acontecimiento de la muerte de Dios, son dos elaboraciones que componen la época. Nietzsche destilo la muerte de Dios de todos los signos culturales de su mundo, pero pudo extraer el concepto pues apostó su vida como lugar del pensar filosófico. Nietzsche, y uno lo entiende cuando lo lee, en su estilo, pensó tanto con su vida como con su cabeza. En este sentido, si bien siempre en toda interpretación cultural o textual se pone en juego la matriz del conflicto del Dasein con el si mismo (Unselbstständigkeit) -cito a Heidegger: “Si el “yo” es una determinación esencial del Dasein, deberá ser interpretada existencialmente. A la pregunta por el “quién” sólo se podrá entonces responder mostrando fenoménicamente un determinado modo de ser del Dasein.[1]”- para Nietzsche la crítica y la interpretación dependen de la implicación del cuerpo o la propia vida con ese otro órgano monumental llamado cultura. Bajo el concepto de “nihilismo” entendemos, desde Nietzsche, “la creencia en la absoluta falta de valores, o falta de sentido”, así como  “el rechazo radical del valor, del sentido, de la deseabilidad”. Nihilismo es el acontecimiento en el que “los valores supremos se desvalorizan”. Nihilismo significará la negación de todos los contenidos objetivamente válidos de sentido y de valor de una época histórica[2].


La cuestión del nihilismo es la caída del eje vertical de los valores. No se trata de que no hay más valores, o no hay más ideales o nortes, sino del carácter de esos ideales en una época donde el subjetivismo y el relativismo dejan el diferendo de consideraciones. La nueva legitimidad será la de la fuerza o incluso a las lógicas económicas de la ley del valor. Única ley ordenadora de equivalencias en un nuevo orden inmanente. La trascendencia del valor se juega sólo en la inmanencia pragmática de los intercambios mercantiles. La teología se ha vuelto pragmática. Pareciera así, que en la modernidad, ninguna zona histórico-social queda afuera del proceso dinerario de valorización.



[1] Martin Heidegger. “Ser y tiempo” Traducción J.E. Rivera. Pág. 122.

[2] Es sugestiva la opinión de Marx en “La cuestión judía” (1844) sobre el dinero, la modernidad industrial capitalista y la religión judía: “El Dinero es el celoso Dios de Israel, ante el cual ningún otro dios puede subsistir. El dinero mancilla a todos los dioses del hombre y los convierte en una mercancía. El dinero es el valor general, constituido para sí, de todas las cosas. Ha robado por eso su valor peculiar al mundo entero, tanto al mundo humano como a la naturaleza. El dinero es para el hombre la esencia extrañada de su trabajo y de su existencia, y esta esencia extraña lo domina y él la adora”.

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