Archivo | mayo, 2010

Gilbert, un jesuita leyendo a Tomás.

31 May


La tendencia a considerar al “ens” como una cosa sensible viene al espíritu espontáneamente, y es apoyada por quienes insisten en el carácter aristotélico-tomista. Pero del texto no se deduce que el “ens primum notum” sea el ente sensible. Al contrario, según el principio de “De Veritate”, el primero de los trascendentales se afirma en función de las simples condiciones de inteligibilidad primera…El ente se da necesariamente y enteramente, sin división y gracias a las múltiples divisiones gracias a las cuales hablamos de él…. –y he aquí el problema para los modernos– Ahora bien, la transcendencia del “ens” hacia todo saber determinante impone someter la verdad a una norma que la verdad no domina.

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Psicología, pensamiento y narración.

29 May

Contarse a sí mismo
Por Alfredo Ruiz

El autor afirma que la narrativa, entendida como una de las dos modalidades posibles del pensamiento, es sostén de la identidad personal, y cuando un evento no puede ser asimilado en la historia que cada uno se narra a sí mismo, surge un síntoma psicopatológico.

La narrativa es uno de los temas emergentes más fascinantes de la psicología contemporánea. El interés que la narrativa ha despertado en los teóricos proviene, creo, del hecho de que, al adoptar la psicología una perspectiva no empirista, constructivista o posmodernista, la comprensión de cómo la experiencia humana influye en nuestro percibir el mundo que vivimos a cada instante pasa a ser uno de sus problemas fundamentales.

Uno de los maestros teóricos del movimiento narrativo en psicología, el psicólogo cognitivo Jerome Bruner –en sus dos libros fundamentales, Realidad mental y Mundos posibles y actos de significado– resuelve, en forma sencilla y exhaustiva, un problema teórico fundamental con respecto al funcionamiento de la mente humana: la propuesta de Bruner es que hay dos maneras diferentes de conocer; dos modalidades de funcionamiento cognitivo, de pensamiento, y cada una de ellas nos entrega modos característicos de construir la realidad. Estas dos modalidades de pensamiento no se pueden reducir una a la otra sin el riesgo evidente de pérdida de la riqueza que encierra su diversidad. Aun más, estas dos maneras de conocer son autónomas, tanto en sus principios de funcionamiento como en los criterios de verificación del conocimiento que alcanzan.

Las modalidades de pensamiento que Bruner distingue son el modo de pensamiento paradigmático y el modo narrativo. La modalidad paradigmática o lógico-científica, como la define Bruner, intenta ser un sistema matemático formal de descripción y explicación. La metáfora para entender este pensamiento es la computadora. Actualmente sabemos mucho de este pensamiento paradigmático y de su función, tanto en los adultos como en los niños. Con este pensamiento es que resolvemos la mayoría de los problemas prácticos de la vida diaria. Para la mayoría de las personas es el único tipo de pensamiento que hay. Y hasta hace 10 a 15 años los psicólogos también creían lo mismo.

El modo de pensamiento narrativo –nótese que Bruner también lo describe como pensamiento– es por cierto menos conocido. Sin embargo, es el tipo de pensamiento más antiguo en la historia humana. Probablemente preexistió al pensamiento paradigmático. El pensamiento narrativo consiste en contarse historias de uno a uno mismo y a los otros; al narrar estas historias vamos construyendo un significado con el cual nuestras experiencias adquieren sentido. La construcción del significado surge de la narración, del continuo actualizar nuestra historia, de nuestra trama narrativa. Es una actividad humana fundamental. Todos lo hacemos.

Humberto Maturana, en su último libro, Origen de lo humano en la biología de la intimidad (en prensa), y en comunicaciones personales con el autor de este artículo, también ha descrito estas dos modalidades de pensamiento. Desde su Teoría Biológica del Conocer, los llama razonar lineal y razonar sistémico.

A cada modo de pensamiento corresponde un tipo de abstracción. Mientras que el pensamiento paradigmático llega a ser abstracto debido a que está interesado en los aspectos conceptuales más universales o generales, la capacidad abstractiva del pensamiento narrativo surge de su interés por lo particular. Como lo señala Bruner, este pensamiento “se ocupa de las intenciones y acciones humanas y de las vicisitudes y consecuencias que marcan su transcurso”. Para el escritor James Joyce, “las particularidades del relato son epifanías de lo ordinario”. El contar historias es un procedimiento opuesto al pensamiento paradigmático, ya que la historia surge de lo que es absolutamente particular, de lo que es sorpresivo, inesperado, anómalo, irregular o anormal. Cosas que no deberían pasar y pasan. Eventos que se apartan totalmente de lo establecido.

La abstracción del pensamiento narrativo surge de las imágenes. El pensamiento narrativo es un pensamiento de imágenes que no sigue una lógica lineal, sino analógica: funciona por analogía, por semejanzas. Las imágenes se juntan unas con la otra y se ponen en secuencias por semejanzas de contenido, por similitud de tonalidades emotivas. Nicanor Parra, en su poema “El hombre imaginario” (ver recuadro), muestra lo que es esta abstracción narrativa. Las imágenes que contiene evocan inmediatamente la historia de toda una vida.

Sí mismo es otro

En el enfoque cognitivo posracionalista del psicoterapeuta y teórico italiano Vittorio Guidano estaba implícita la modalidad narrativa, tanto en la conceptualización de la psicopatología como también en la psicoterapia. En su libro Desarrollo de la terapia cognitiva posracionalista, intenta introducir formalmente el tema de la trama narrativa en su modelo terapéutico y se enfrenta al problema de relacionar el cambio humano, la identidad personal y la narrativa personal.

Para un mejor entendimiento de lo que es la identidad personal tenemos que hacer referencia a lo que es un sistema que se autoorganiza, un sistema determinado en su estructura, como diría Maturana, que organiza su experiencia de realidad. Guidano sostiene que un sistema de este tipo mantiene, por todo el ciclo de vida, la unidad de sí mismo como sistema, es decir: el sistema mantiene lo que se llama su identidad. Para este autor, la identidad no es estática; la identidad es precisamente una construcción y no una representación, como lo plantean los enfoques racionalistas. Para Guidano, la construcción de la identidad personal significa la tarea de individualizarse y de diferenciarse respecto de un mundo, lo que siempre implica una manera de ver el mundo y, lo que es más importante, una manera de sentirse en él. Guidano señala que desde el primer momento cada acto de identidad, cada acto de individualizarse respecto de lo otro implica siempre la elaboración y construcción de un significado personal. ¿Cómo ocurre esto?

Guidano señala que “la construcción de un significado personal es una actividad que, desde el inicio del desarrollo humano, corresponde a un proceso de secuencialización de eventos significativos”, es decir, juntar secuencias de conjuntos de eventos prototípicos que son significativos desde el punto de vista de la activación emotiva del sujeto. Al poner en secuencia estos conjuntos de eventos –las imágenes, combinadas y recombinadas entre ellas– se llega a desarrollar una configuración unitaria, y a través de ella es que se puede ver un mundo y sentirse en él.

Este autor advierte que “la manera como se ve la construcción de una visión del mundo no es algo puramente intelectual: cada secuencialización de eventos y escenas comporta también una activación del mundo emocional, y el reverberar de eventos prototípicos corresponde al reverberar de modulaciones emotivas específicas. Esta configuración unitaria de conjuntos de eventos, imágenes, etcétera, desde un comienzo empieza a transcribir todas las características que podemos decir de una historia. Secuencializar los eventos es interpretarlos. Secuencializar los eventos en imágenes y escenas significa interpretarlos, significa darles nuevos términos, darles una trama narrativa”.

Alasdair MacIntyre, en su libro Tras la virtud, usa la expresión “unidad narrativa de la vida” cuando se refiere a esta trama narrativa que es la continuidad unitaria del sentido de uno mismo. La secuencia de imágenes que la constituye no es algo más que el mantenimiento de la coherencia y la continuidad de la propia historia de vida. Para Guidano, el sentido de uno mismo coincide con la coherencia interna de esta historia de vida única, de la cual uno es el personaje principal, que uno interpreta y vive cada día.

Guidano sostiene que este personaje va cambiando de acuerdo con lo que va ocurriendo en su historia; el personaje tiene que modularse con los acontecimientos que caracterizan su vida. En la vida de cualquier persona es inevitable que ocurran eventos impredecibles, en cada día, en cada momento. Cualquiera de ellos cambia nuestro modo de vida, cambia nuestras expectativas, y ese evento continuará siendo perturbador hasta que logre integrarlo en la historia de mi vida. Así ocurrirá lo que señala Paul Ricoeur en su libro Sí mismo como otro: “Lo casual se vuelve destino”. Para Guidano, lo casual se ha involucrado en la secuencia de eventos de la historia y, al mismo tiempo, el sentido perturbador que se ha experimentado cuando el evento impredecible se produjo se ha transformado en un matiz más del cual se puede experimentar el sentido de continuidad y de unicidad de mi historia de vida.

Textos quebrados

Puede ocurrir que, en la vida de una persona, un evento o una serie de eventos no pueden ser asimilados en su historia de vida. Ese evento que no ha sido procesado ni elaborado es lo que se va a transformar en un síntoma psicopatológico. Por ejemplo, la no asimilación de una experiencia de haberse decepcionado del padre por parte de una adolescente puede disparar en ella un episodio anoréxico agudo. O bien, experiencias de rechazo no reconocidas en un hombre de mediana edad gatillan una reacción depresiva severa.

Desde este enfoque, la psicopatología se plantea en términos de perturbaciones en la continuidad de la trama narrativa: eventos que gatillan perturbaciones emocionales permanecen sin ser integrados a la historia de vida del sujeto.

Desde una perspectiva posracionalista, la psicopatología no se ve en términos de contenido. Si compartimos la idea de que el sistema humano es un sistema que se autoorganiza, no podemos ver entonces lo normal, neurótico o psicótico en relación con categorías que hagan referencia a una realidad externa objetiva. Desde la posición constructivista y posracionalista, se ve lo normal como la capacidad que tienen las personas de adaptarse en función de su flexibilidad en las diferentes situaciones de vida. Los neuróticos serían aquellas personas donde la flexibilidad está disminuida y que, por lo tanto, mantienen puntos de vista rígidos y no generan teorías que les permitan integrar los eventos perturbadores a su trama narrativa. En la psicosis se ve una interrupción absoluta del proceso de continuidad de la trama narrativa.

La psicoterapia tendría que ser visualizada como un proceso en que la persona, a través de repetidas reconstrucciones, pueda ir integrando esos eventos que son vividos como extraños a sí misma, como es el caso del neurótico, o que han interrumpido totalmente la continuidad de la trama narrativa, como es el caso de los psicóticos. De esta manera se facilita la reorganización que la persona pueda hacer de la historia de su vida. Este trabajo terapéutico se realiza en sesiones en las que el paciente trabaja y colabora activamente en la reconstrucción de la secuencia de eventos y situaciones perturbadoras. Pero, por sobre todo, la terapia no incluye los psicofármacos, ya que éstos no aportan nada a la reorganización de la manera como la persona está construyendo su significado personal. Por el contrario, su uso, casi en la totalidad de los pacientes, es incompatible con la psicoterapia. Incluidos los psicóticos.

Heidegger, arte e historia del ser.

28 May

Tampoco se trata de acentuar la “obra en sí” frente al artista y al que acoge y las circunstancias históricas y el contexto de efectos que condicionan a ambos; pues tampoco este acentuamiento requiere salir del arte experimentado metafísicamente; la obra es tomada en ello sólo como “objeto”.
La pregunta por la “obra” según la historia del Ser tiene, sin embargo, todo otro sentido, en tanto éste es visto en su esencia junto con el Ser mismo y la fundación de su verdad. La obra misma cumple la tarea esencial de desplegar esta decisión por el Ser.

Martinez Estrada, creación y libertad.

22 May

Balzac creaba un mundo con la materia simbólica de la literatura, y ese mundo se ha reconocido era simétrico y duplicado del mundo real humano. Pero no creaba con símbolos abstractos, como las imágenes del físico y del matemático, que corresponden a las imágenes-cosas, sino con figuras vivientes, con estructuras de formas y contenidos semejantes a las naturales. Creaba como un demiurgo, manejando imaginativamente las mismas fuerzas naturales con que la naturaleza crea dando vida, y esta labor “a imagen y semejanza” es para cualquier arte grande de carácter trascendental. Es poco decir, con Wilde, que la naturaleza imita al arte; hay que decir, como lo dice Balzac, que nada puede ser creado por el hombre que no responda a las leyes universales de la naturaleza creadora, la naturaleza naturante de Spinoza, de donde dos series paralelas de existencia que se confunden en el absoluto de la unidad de plan, como quería Schelling. Si el hombre de ciencia y el artista sienten que es un deber imperativo, extrahumano, el entregarse como instrumentos fáciles a una clase de experimentación a la que en cierto modo permanecen extraños, es porque en ellos se está realizando, efectivamente, una creación de la que se creen autores sin serlo. Son “matrices” simplemente o, como se diría en el lenguaje místico, “mediums”. Ningún artista es dueño de dirigir la acción ni el destino de sus héroes. Estos nacen con los mismos derechos a su vida que los hijos de la carne. Balzac no puede manejar a sus creaciones como seres pasivos, obedientes a sus mandatos, que harán lo que él quiera. Muy al contrario, sabemos cómo estuvo toda su vida atado a la mesa de trabajo, frente a pilas de cuartillas en blanco, en una labor diaria de quince a dieciocho horas, privado del goce de las amistades y de la libertad, hasta el punto de sucumbir agotado y exhausto por lo que él ha llamado “esa forma de la maternidad”, y también “esta espantosa tarea”.

Martinez Estrada, hambre y falsa cultura.

22 May

La falta de estados verdaderos de cultura se suplanta con estados ficticios de cultura; empresas poderosas de publicidad y de noticias sostienen la política de la literatura estándar… Centenares de cerebros trabajan diariamente en la misma tarea, modelando y puliendo con arreglo a un canon periodístico del mayor consumo. La personalidad del autor, incluso cuando le permiten que firme, se disuelve en una liga de plomo fundente, y toda la redacción es una masa gris de ideas y de renglones de linotipo. No tener qué comer es peor.

Martinez Estrada, literatura y vida.

22 May

Yo lamento tener que usar este lenguaje que no era antaño el mío, pero que ahora lo es, en la necesidad de no transigir con los que han labrado consciente o inconscientemente, pero con sumo primor, la desdicha y la penuria de nuestra patria. Entre los causantes de esta desgracia, que para muchos no es importante porque no afecta la pecunia del Fisco, están los escritores, los novelistas y cuentistas en primer término, los dramaturgos y ensayistas después. Si nuestro pueblo y acaso el uruguayo — pero permítanme que ahora nos separemos –. Si mi pueblo hubiera tenido lecturas informativas, leales, honradas, sobre la vida de los suburbios, de los campos, de las ciudades, una literatura desagradable como las mejores literaturas del mundo, la rusa, la inglesa, la francesa, la italiana de nuestros días, la ecuatoriana, la brasileña, la norteamericana (“literatura de removedores de estiércol???, decía el estercolista Teodoro Roosevelt) no habría incurrido en tan graves yerros. Porque esas caídas que a ustedes mismos tienen que haberles dolido como en carne propia, y si así lo evidenciaron, se debieron en gran parte a que mi pueblo ignora en qué país vive, con quiénes convive, cuáles son los altos ideales humanitarios que dan nobleza y valor a la vida, la existencia de un pueblo integrado por otro pueblo oprimido, ignorante, quizá cubierto de oprobio e ignominia, un pueblo de delincuentes, de cortesanas, de huérfanos, de humillados y ofendidos. Pensad en Dostoievski y en cierto modo en Gogol, Dickens, Balzac, Zola, Sherwood Anderson y un millar de otros escritores de literatura desagradable. La que las damas de caridad, los profesores de moral cristiana y cívica, los encubridores de la miseria y del dolor no leen, prohíben que se lea y hacen indecoroso que se escriba. Yo no voy a defender aquí ante ustedes, respetables señoras y señores, la tesis de que en las cárceles está lo mejor de la sociedad, porque eso lo dijo de Siberia y del pueblo ruso Dostoievski y yo no tengo ni su autoridad, ni su genio, ni su coraje. No lo creo en términos absolutos; mas perdónenme que les diga que hay en esa sentencia muchísimo de verdad, y que una verdaderamente grande literatura, como una música verdaderamente grande, tiene que reflejar lo más doloroso y triste de la vida. Pues la felicidad, si existe, la alegría, el gozo de la salud y del confort lo proclaman la naturaleza y hasta los animales. La redención exige la cicuta y la cruz; la conciencia del mal que causamos sin saberlo se despierta con la comisión del delito:

Raskolnikoff se purifica por un doble asesinato, la pobre Sonia, que nos ha hecho llorar cuando leíamos su historia, y que nos hará llorar muchas veces, si no nos hemos pervertido, exhibe como documento de identidad su carnet amarillo.

Les hablo así porque tengo un ineludible deber que cumplir en este último tiempo de mi vida. Antes, no hace mucho, me habría escandalizado de mi propia voz, porque he desdeñado o compadecido simplemente a ese pueblo que sufre en silencio, sin quejarse como los animales heridos, y que es donde está la flor del sacrificio y de la confraternidad. Tengo una triste experiencia del “homo sapiens??? y en cambio otra excelente del animal humano. ¿Para qué poner ejemplos ineficaces? Me bastaría el del pan y los cultivos de flores que abonan con detritus repugnantes; el pan que necesita la levadura. Mas bien, si me consienten esta otra novedad, es de pensar en algún misterio teológico, quiero decir impenetrable o trascendente al saber humano. Tal el que asegura que Job y Cristo fueron elegidos por el Señor para la salvación del individuo y de la especie, respectivamente. Uno sufrió su pasión en un muladar y el otro en la cruz de los ladrones. Puedo citaros por añadidura, y no es esto erudición ni ociosidad, un centenar de casos evangélicos de la vida laica y secular; pero prefiero admitir que los conocen ustedes o que pocas palabras los han puesto ya o los pondrán en la dirección en que les pido que miren conmigo lo que importa: lo que vale y lo que constituye el mérito real de una gran literatura.

Mas ni por un instante imaginen que desprecio el trabajo, la paciencia del artista que labra y pule su obra, de un Cellini, de un Van der Meer, de un Baudelaire, de un Hazlitt, de un Mallarmé, de un Valéry. Yo he procurado durante muchos años y en varios libros, aproximarme al ideal de un arte pulcro y hasta bizantino, aunque jamás de joyería; prefiero otras metáforas: musica y arquitectura ornamentales. Muy tarde me he estremecido con los “Negro spirituals???, con las canciones de borrachos que oí y descubrí grabadas en el archivo folklórico de la Universidad de Chicago. Fueron los libros que allí me enseñaron más. Durante horas escuché como la voz de los ángeles, la de esos pobres cantores que no sabían cantar y aullaban su congoja cantándola. Después he tomado aversión a las sopranos y a los tenores egresados de los conservatorios. No perdería un minuto para escuchar a Beniamino Gigli o a Lilí Pons, pero con una mujerzuela o con un negro changador de Recife o de Santos sí pasaría una hora escuchándolos gemir y cantar. Nuestro gran Hudson, al que ni ustedes ni nosotros queremos, dijo que prefería el canto de la langosta verde a la sonoridad del piano, que caminaría leguas para oírlo y que en cambio no daría un paso para oír a una diva. Todo esto se comprende muy tarde porquel son de las verdades que Chestov ha llamado “revelaciones de la muerte???.

Feliz el pueblo que tiene una literatura como la tuvieron el siglo de Pericles, el Renacimiento italiano, la época isabelina y la Ilustración francesa; pero desdichado el pueblo que no tiene poetas bárbaros como los profetas y sí obras perfectas, mujeres perfectas, hombres y niños perfectos, maestros perfectos, moralistas perfectos. Vean cómo y cuán defectuoso hizo el mundo Dios: lleno de maravillas, es cierto, de milagros inconcebibles de belleza y exactitud, y de miserias, imperfecciones y brutalidades indignantes. Tuvo razón Alfonso el Sabio, si dijo que de haberlo consultado Dios le habría salido mejor. Pero con esa mala caligrafía escribe Dios las obras eternas.

Jorge Alemán, un caso raro: un lacaniano sin cinismo.

14 May

“El capitalismo no es eterno”

¿Qué es ser de izquierda, si se aceptan razones tales como que la división del sujeto es incurable, que el plus de goce no es cancelable históricamente por ninguna dialéctica de superación, que la labor de repetición de la pulsión de muerte horada los espejismos de progreso de cualquier civilización, que la política y el discurso del Amo mantienen la voluntad de que la cosa marche, que la Revolución es el retorno de lo mismo al mismo lugar y, a veces, con consecuencias más mortíferas, que la singularidad del goce y el deseo no es subsumible en el “para todos lo mismo” de la cosa política? Podría seguir sumando razones, desde distintos lugares de la obra de Freud, la enseñanza de Jacques Lacan y la orientación de Jacques-Alain Miller, que muestran cómo los llamados fundamentos de la izquierda quedan perforados en su suelo ontológico más seguro cuando se confrontan a la lógica del discurso analítico.
Tal vez estas razones provocaron que muchos lacanianos se hayan apartado de los caminos trazados históricamente por la izquierda. Muchos colegas han construido una sabiduría escéptica en materia política, o un conservadurismo lúcido, o una lectura irónica y en diagonal. Escucho, respeto y aprendo de ello, pero mi posición es que se puede, con la enseñanza de Lacan:
– Primero, dar cuenta de la derrota de la izquierda a escala mundial a partir de los setenta, indagarla en la fantasmática que, incluso después de que la derrota se consumó, la dominaba.
– Segundo, ofrecer al marxismo un lugar para hacer su duelo, teniendo en cuenta que el lugar donde verdaderamente se hace el duelo es fuera del hogar: la única teoría materialista que, en el siglo XXI, sigue proponiéndose pensar una práctica que opere sobre lo real imposible, es la enseñanza de Lacan.
– Tercero, estos propósitos se sostienen sin ningún fundamento: Lacan no puede ser un nuevo fundamento para la izquierda; es su “desfundamentación”, la demostración de que sólo la causa ausente es realmente operativa; se trata de una apuesta sin Otro y sin garantías. No obstante, esta apuesta considera que el capitalismo, a pesar de su movimiento circular y sin corte, aunque no se pueda deducir el lugar de su salida y no se pueda nombrar el ámbito donde sea factible esa salida, aunque no se disponga del nombre de aquello que viene después, aunque no exista ningún punto en el que se pueda designar en qué consiste una lucha anticapitalista, sin embargo el capitalismo no es una realidad eterna, necesaria y cuasinatural donde la condición humana se realice en su último escalón. Por el contrario, se trata una vez más de afirmar su carácter contingente y, por lo tanto, el advenimiento siempre posible de otra manera de ser con los otros, distinta a la que se conoce en el capitalismo.
– Por último, me gustaría recordar que ser de izquierda es considerar que la explotación de la fuerza de trabajo realizada en la forma de la mercancía es un insulto a la diferencia absoluta. Una cosa es aceptar la inquietante homología entre el plus de gozar y la plusvalía y otra es aceptar la explotación como si en sí misma fuera un rasgo más de la condición humana y, en la actualidad, a un paso de ser “fundamentada” por alguna disposición cerebral. La jerarquía del mercado no es la diferencia, sino su tergiversación numérica y equivalencial.
* Fragmento de una exposición en el Seminario Atlántico de Pensamiento, evento que tiene lugar desde 2005 en Las Palmas de Gran Canaria, España (www.seminarioatlantico.org). En la última edición participaron también Gianni Vattimo, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Paula Sibilia, Joan Busquets y Javier Tolentino.
Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/psicologia/9-145570-2010-05-14.htm